domingo, 25 de octubre de 2015

Dime un poco menos que me quieres y quiéreme un poco más

Suena típico, pero es verdad. Las cosas llegan cuando menos te lo esperas. Cambian, dan un giro inesperado y te llevan por donde nunca habrías imaginado... Lo digo, es que siempre lo digo, deja que las cosas pasen y déjalas entrar en ti, en tu vida, en tus noches, en tus días. Mientras, sólo disfruta... Disfruta, y ya verás cómo llega alguien dispuesto a compartir contigo esa felicidad improvisada. Hace un par de meses no habría siquiera pensado en la existencia de esta posibilidad, la de verme escribiendo esto, contándole al resto que se puede, que a veces sí que llega, que lo que parecía un agujero negro sólo era un pequeño impulso para arriba, para subir, para poder seguir... Para abrir los ojos. Porque hay veces, en las que sólo hay que abrir los ojos para darte cuenta de lo que te estás perdiendo, para poder ver que hay algo mucho más sencillo esperando a que mires, a que te fijes, que lo que has andado buscando todo este tiempo, vive a tu lado sonriéndote todos los días desde que le dijiste "necesito una sonrisa que provoque la mía". Me miro... Y soy la chica a la que nadie esperaba en el portal, a la que nadie llamaba al día siguiente ni quería más de dos días seguidos; y ahora, ¿sabes? nadie me espera en el portal pero sí que hay alguien esperándome en alguna parte, nadie me llama al día siguiente pero sí que me busca, y no, no hay quien me diga que me quiere, pero sí quien me quiera y con eso, me basta... Porque aunque siga sonando típico, sigue siendo verdad: Las cosas llegan cuando menos te lo esperas.