lunes, 29 de diciembre de 2014

Qué rápido has pasado, 2014...

Miércoles, 24 de diciembre de 2014



Si empezamos por el principio diré que no pude darle un mejor comienzo, que desde el primer momento de este enero habían cambiado muchas cosas en mi vida; gente nueva, sensaciones nuevas, mente nueva... Lo mejor es que todo llegó sin esperarlo, sin haberlo planeado. Terminar un año, aunque sean solo unas fechas las que hagan esa división, siempre es agridulce, para mí al menos. Todo lo vivido en un año, todo lo aprendido, todo lo experimentado por primera vez y todo lo que no podré volver a sentir... Creo que este año he crecido en el sentido de que he hecho muchas cosas nuevas, he aprendido muchísimo, y de que he sentido mucho más. Ya estamos a últimos de diciembre, miro atrás y pienso en la de cosas que han pasado en tan poquito tiempo, en lo rápido que se me han pasado estos meses, lo pienso y es que me parece ayer... Parece que no ha pasado el tiempo desde que me senté en la mesa y nos comimos las doce uvas, pero en realidad... ¿sabes todo lo que ha cambiado desde entonces?
Sólo era enero y conocí a gente que me ha cambiado la vida por completo, que la ha puesto patas arriba, que llegó y me rompió cada esquema... Y estoy eternamente agradecida, porque no sé si eso es casualidad, si fue el destino, o quién fue el que quiso que las cosas pasaran así, pero fuera lo que fuera, decidió que era el momento de cambiármelo todo de rumbo y lo hizo bien. Hasta entonces no había vivido nada parecido, y es que siempre lo digo, de todo, absolutamente de todo se aprende... ¿Quién me iba a decir a mí que me iba a pasar algo así? Empecé a sentir tanto, empecé a sentir algo que no podía controlar, algo que no quería sentir, y me asusté. Recuerdo que pensaba que tenía las cosas claras... y una mierda, tenía un lío en la cabeza que aún no he podido aclarar del todo, pero es que gracias a eso, ahora sé que no todo es tan fácil ni está tan claro siempre. Pensaba que yo era de esas que sabe lo que tiene y es incapaz de ser tan imbécil como para perderlo, pero me demostré a mí misma que no, que hay cosas que solo la experiencia te enseña, que nunca supe lo que tenía porque nunca noté su falta... hasta que se fue y empecé a darme cuenta de todo, de que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. El corazón quiere lo que quiere, el corazón elige y hace contigo lo que le da la gana, te maneja a su antojo, y no hay nada que puedas hacer... Yo, que siempre he tenido miedo de lo que piense la gente aunque sepa que no tiene que importarme, que siempre me ha asustado el qué dirán, me he deshecho de ese lastre porque no he tenido otro remedio, porque he aprendido que sólo es un obstáculo que te impide llegar a donde quieres, he aprendido que... ¿Qué más da? Cada uno es feliz como quiere y con quien quiere, y por eso ya no me importa, aunque me haya dado cuenta demasiado tarde... Este año, una vez más, he descubierto quiénes son los de verdad; de la misma manera en la que he conocido gente nueva, también ha habido gente que pensaba que era de los de verdad y se ha ido por su propio pie... He aprendido a valorar las pequeñas cosas, los detalles, he aprendido que cada instante es único y es algo que jamás se volverá a repetir de la misma manera, que hay que apreciar lo que se tiene antes de perderlo, porque aunque la teoría nos la sabemos todos, no siempre sabemos aplicarla... He aprendido a adaptarme en situaciones diferentes, y creo que eso es algo muy importante, saber cómo manejarse en sitios y ambientes diferentes, no depender de nadie, saber estar solo y actuar  cuando no tienes a nadie que te saque las castañas del fuego... "creo que lo más importante en esta vida es aprender a volar solo..."
A fin de cuentas, ha sido un año más, y depende cómo lo mires, también un año menos. Un año lleno de muchísimo momentos inolvidables que me gustaría guardar en una caja de recuerdos, de infinitas experiencias y aprendizajes, porque un año siempre trae consigo millones de cosas, un año nunca es un año como todos los demás, siempre tiene algo de especial, algo que recordar, por lo que sonreír, y algo en lo que a veces cuesta pensar... Por eso, siempre me llevo todo lo posible cuando pasan doce meses, porque cuando se termina da gusto pensar que ha sido otro año que ha valido la pena, otro año de experiencia para el futuro, para hacer las cosas mejor... De este año me llevo personas muy importantes, momentos inolvidables, experiencias inigualables.
Cada uno es feliz a su manera, como quiere, con quien quiere. No importa el qué dirán, lo que piensen los demás no vale nada... La he cagado por miedo, por miedo a lo que dijera la gente, por miedo no he sabido apreciar lo que tenía y lo he perdido, así que creo que me ha quedado bastante claro que no compensa perder oportunidades pensando en los demás, cuando la que va a salir perdiendo vas a ser tú. Siempre va a haber gente que se vaya, y hay que saber aceptarlo y asumirlo, cuando alguien no quiere quedarse a tu lado lo peor que puedes hacer es pedirle que se quede, porque es lo que duele más... Pero todo pasa, nunca llueve eternamente, así que pase lo que pase no hay que darle más importancia de la que tiene, porque todo cambia, todo pasa, todo vuelve a recobrar su ritmo natural y... volvemos a empezar.

viernes, 26 de diciembre de 2014

En mi defensa alego que él me sonrió primero.

Supongo que cuando más sufres escribiendo a una persona, en el momento en el que más sientes, es el momento en el que te das cuenta de que es real. Nunca te escribí en todo ese tiempo, y la verdad es que no sentía esa necesidad, supongo que sería porque nunca dudé en decirte nada, porque siempre me diste la confianza como para despertarte con un te quiero a las cuatro de la mañana… Me refugié en esa excusa, mil veces me dije “qué voy a sentir si ni siquiera me ha salido escribirle nunca” sin saber que te escribía probablemente mucho más que a cualquier otro le había escrito jamás. Me engañé, me engañé como nunca lo había hecho, durante mucho tiempo… No sé cómo fui capaz. No tengo ni idea de cómo pude encerrar en un rincón tan incógnito de mi memoria las veces que  me sacaste una sonrisa, los escasos pero tan intensos días que pasamos en aquel banco al final de la calle, las noches que eternizábamos hasta las seis de la mañana, desde el primer día… Como para olvidarlo, chico. ¿Qué me dices del día que nos conocimos? Fue hace tanto ya… Ojalá pudiese volver, revivir la inocencia del principio, cuando todo se me hacía tan desconocido y solo quedaba descubrir, conocer. Recuerdo que era invierno y que llovía, que solo tú sonreíste. ¿Qué, de la primera vez que me hablaste? Seis de enero, tres y diez de la mañana. Y aún nos quedaban tres horas por delante, tres horas que pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Empecé a adorar el hablar contigo nada más haber pasado quince minutos, porque era genial, porque no me cansaba… Nunca antes había entendido cómo alguien podía “quitarte el sueño” y bueno, fue entonces cuando descubrí lo que se sentía. ¿Qué pasa con la primera vez que estuvimos juntos después de saber lo que sentías? ¿Qué pasa con todo? ¿Con las veces que, después de discutir y creer que te había perdido, siempre volvías? ¿Qué me dices de cuando intentamos recuperar todo lo destrozado? Nada, no me dices nada y lo único que pasa es el tiempo, que cada vez pesa más. En tan poco tiempo vivimos cosas que nunca hubiese imaginado, por muy pequeñas que fueran, por muy poco que duraran… Que nunca lo entendí, o que quizá nunca quise hacerlo, pero se me hizo inevitable recordar al verte después de tanto tiempo, de tantas cosas… Y ahora lo entiendo todo, ahora entiendo la razón de mis ganas de verte, la de mi sonrisa inconsciente cada vez que me hablabas, cada vez que admitías volverte loco por mí… Ahora entiendo que te quería, que me encantaba verte sonreír y tus infinitas tonterías, ahora me doy cuenta de que aquel tiempo es algo que no podré recuperar y cuánto me gustaría, me doy cuenta de que todavía te quiero y que ojalá no fuese para tanto…

domingo, 30 de noviembre de 2014

Como un espejo roto, como un cajón vacío...

"Como me pille, como cuando todo acabe esta canción me recuerde a él me cago en todo". Siempre he sido una chica lista. Pero es que ahí acerté de pleno. Ahora esa canción, bueno, la lista de reproducción entera, me recuerda a los días de invierno en los que él esperaba en mi portal y mientras, me vestía con ella de fondo. Y me maquillaba, y bailaba, y me miraba al espejo. Porque me ponía nerviosa, porque si paraba quieta se multiplicaba por mil la velocidad de los latidos de mi corazón y se me revolvía la tripa. Tenía tan poca experiencia en todo aquello, se me hacía tan raro que en ese caso, fuera yo la que estaba viviendo esa historia... Me daba miedo cagarla. Me daba miedo hacer algo mal, porque no tenía ni idea de qué hacer en situaciones incómodas, y sabía menos sobre ser agradable y encantadora, y todas esas cosas que se supone que debes ser para gustar a un chico. Yo apenas hablaba durante la primera media hora, decía frases cortas y me limitaba a mirar al suelo, era borde a más no poder, así que nunca he entendido por qué no me mandó a tomar por culo desde el primer momento. Lo curioso es que, no me preguntéis cómo, él conseguía que poco a poco comenzara a hablar y a hablar, a reírme, a acercarme, a ser alegre, conseguía que tuviera ganas de quedarme, que fuera yo misma... Y de verdad, eso lo hacen pocos. No era lo que cualquier chica querría, no es con lo que toda chica soñaría, pero recuerdo que me hacía reír. Recuerdo cuando estaba enfadada, que me era imposible mantenerlo más de cinco minutos, porque venía, me besaba y se reía. Porque entendía mis enfados a la perfección, entendía que cada "vete a la mierda" significaba que no quería que me soltara, entendía que cada vez que hacía un intento por escapar de sus brazos le estaba pidiendo a gritos que me besara, y parece algo simple, pero a día de hoy, nadie ha vuelto a entenderme así. ¿Podrá entender ahora que necesito desesperadamente que vuelva? ¿Podrá entender que esta vez no se me ocurriría fallarle ni loca?

lunes, 24 de noviembre de 2014

El asesino siempre vuelve al lugar del crimen.

Aún recuerdo tu voz diciéndome te quiero en formato susurro. Y sé que suena cursi, pero se me hace imposible olvidarlo. De verdad, nunca pensé que me provocarías tanto. Ahora mismo, estoy metida en la cama con la sábana tapándome hasta el cuello, y sigo temblando... Me produce escalofríos el simple hecho de ponerme a escribirte, y ni siquiera tengo derecho a decir que es culpa tuya. No puedo consolarme pensando que esta situación era inevitable, no puedo refugiarme en la idea de que soy la víctima de esta historia. Ni siquiera puedo decir, como casi todas, que te fuiste sin avisar, porque fui yo la que se marchó de repente, no puedo reprocharte ni una mentira, ni un solo engaño... Ojalá hubiese aprendido a entenderme antes de mandarlo todo a la mierda. Ojalá no tuviese un caos incontrolable dándome vueltas por la cabeza, ojalá no hubiese salido corriendo por miedo a sentir, a sufrir. Me hubiese gustado tener las cosas claras, no haberme equivocado al pensar que con el paso del tiempo no iba a echarte de menos... Lo peor es que tienes motivos para no querer ni mis buenos días, tienes motivos para no querer saber nada de mí, pero aún así me duele, joder que si me duele. Porque tienes derecho a pensar que soy despreciable por haber jugado así contigo, pero ten por seguro que no lo hice queriendo. Ahora que veo la historia desde esos ojos, entiendo que el malo no siempre es tan malo, entiendo que todos somos alguna vez la otra parte de la película y que a veces, no nos damos cuenta hasta que el daño ya está hecho. Ahora que todo es tan distinto, me doy cuenta de que hasta el asesino termina siendo víctima en algún momento, que incluso puede llegar a arrepentirse, pero que no por eso deja de ser asesino, porque como he dicho antes, el daño ya está hecho.

"Vuelves a mí, porque el asesino siempre vuelve al lugar del crimen..."

martes, 11 de noviembre de 2014

"Como cuando quieres a alguien y se te olvida el resto..."

Quién me iba a decir a mí que mi palidez aumentaría y las piernas se me doblarían al verte. Qué triste suena eso, si hubo un tiempo en que no dejábamos que corriera ni el aire entre tú y yo, si hubo un tiempo en que el frío no era tan frío y no nos importaba el tiempo que pasara... No quiero aceptar que todo fue mentira. Dime que lo que creí que me demostrabas era en serio, dime que no he creído en algo inexistente todo este tiempo... Dime que los te quiero's eran en serio, dime que no miras a otras como me mirabas a mí. Te preguntaría tantas cosas, te pediría tantas veces volver atrás... A mí solo me queda pedirte perdón. Perdón por el daño, por las dudas, por el tiempo perdido, por no haber sido capaz... perdón por quererte ahora que ya no quieres volver. Tú tranquilo, que yo no me rindo. Que si es verdad que un día me quisiste, todo queda. Todo permanece. Así que tú vete, que ya volveré yo, esta vez me toca a mí. Y no me importa. No me importa porque recordar tu sonrisa cada miércoles en mi portal me da fuerzas para querer perderme otra vez en tu abrigo, no me importa porque recordar la ilusión con la que te ibas después de cada tarde me llena de vida, porque recordar cada vez que discutíamos y acabábamos mejor de lo que estábamos hace que no pierda la esperanza. Que yo te quiero y no me importa, porque aún me acompaña tu recuerdo, porque aún no han anunciado tu tren en la estación...

lunes, 27 de octubre de 2014

¿Qué harías si no tuvieras miedo?

¿Miedo de qué? ¿De no tener miedo? Si le tengo miedo a las alturas como le tengo miedo a cagarla en situaciones importantes... Tener miedo es normal, es natural. Superar nuestros miedos y enfrentarnos a diferentes cosas a pesar de ellos es, en mi opinión, lo que nos hace crecer como personas, lo que nos hace seguir adelante y aprender. Lo que no es natural es no tener miedo, porque todos, y repito, todos, tenemos miedo a algo. A hacer el ridículo, a la oscuridad, a quedarnos solos, al futuro, a las arañas. A todos se nos encoge el estómago y se nos corta o acelera la respiración por alguna razón...

jueves, 16 de octubre de 2014

Ley de vida: no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.

Sonará muy típico, pero es la única persona que convirtió un "fea" en algo tan bonito, en algo tan suyo, tan mío... Joder, qué tonta que fui al pensar que no le echaría de menos. Fue diferente desde el principio, se hizo notar, y aquella primera sonrisa entre la gente es un gesto que no quiero olvidar jamás, porque fue, básicamente, nuestro principio. Aún recuerdo, aunque hayan pasado meses y estemos ya tan lejos el uno del otro, cómo me fue ganando poco a poco y sí, tengo que admitir que siempre fue él quien quiso que esto saliera bien cuando ni siquiera sabía cómo se llamaba.. Si no hubiese sido por los buenos días que él marcó como rutina mi vida ahora sería muy diferente. Nunca admití que le quería. Nunca me lo admití. La verdad es que nunca lo supe, y nunca lo he sabido hasta hace bien poco. Por aquellos tiempos él no podía ni quería vivir sin mí y era yo la que se hacía de rogar. Era yo la que aparentaba no tener sentimientos aunque por dentro sintiera huracanes cada vez que sus manos frías recorrían poco a poco mi cuerpo... Me encantaba, debo admitir que adoraba la sensación de protegerme entre sus brazos. Pero cuando llegaba la hora de la verdad no me permitía sentir más. Sentía como que no quería sentir tanto y me daba miedo, ¿y sabéis qué fue lo más estúpido que se me ocurrió hacer? Alejarlo de mí... No volver a hablar, ni a ver a quien me provocaba tanto en el estómago porque, de lo contrario, hubiese seguido sintiendo y no... no podía. Lo peor es que no se marchó a la primera de cambio, que es de los que vale la pena o que al menos me quería, lo peor es que no lo supe ver... Lo peor es que a día de hoy, soy yo la que quiere que vuelva a pesar de haber sido yo quien le invitó a que se fuera, soy yo la que va detrás por un mísero 'hola', ahora soy yo la que echa de menos por haber sido tan gilipollas... Fue, y sigue siendo la única persona que ha dado tanto por mí de esa manera, ¿Quién se queda, quién sigue estando cuando lo necesitas después de haberle dado la patada? No me he sentido tan hija de puta en la vida... Después de cinco meses volví a verle y fue acto seguido, empezar a echar de menos de repente todo aquello de lo que no me había acordado durante ese tiempo. Empecé a echar de menos en ese instante las noches hablando hasta que amanecía, sus "fea" y mis borderías, sus ganas de hacerme reír y el dejarme llevar... Intenté recuperar lo que yo misma había cubierto de mierda y había tirado al fondo del mar, pero no sirvió de nada. Ahora ya no sé dónde meterme. Hemos intercambiado los papeles y supongo que ahora tengo lo que me merezco. Joder, que el invierno se acerca, tú te alejas y no tengo tus bolsillos para que mis manos soporten el frío con las tuyas...

martes, 14 de octubre de 2014

En línea... Escribiendo... En línea

Supongo que nada es para siempre. Ni siquiera el dolor que supone despedirse de alguien o echar de menos tanto, tan fuerte... Que todo se olvida aunque no queramos, que las cosas cambian hasta el punto en el que dejas de reconocer a quien conocías como para saber cómo se sentía al morderse el labio. Pero qué podemos hacer, si ni siquiera somos capaces de luchar y perder el orgullo cuando queremos decirle a alguien que se quede, de qué nos vamos a quejar si no tenemos el valor de mirar a la cara y decirnos te quiero... Tanto amor detrás de una pantalla, tantos buenos días seguidos de un corazón y qué pocos abrazos, qué poca importancia le damos a la piel. Deberíamos dejar de invertir tanto tiempo en escribirnos cosas bonitas si después no vamos a tener los cojones de decírnoslo entre beso y beso...

jueves, 25 de septiembre de 2014

Corazón... ahora tienes que pedirte perdón

"Estoy... no sé, feliz. Pide un deseo, cosas así no pasan siempre."




Sonreía. Como no lo había hecho en mucho tiempo. ¿Sabes qué fue lo que sentí? Como si el nudo que tenía en el estómago, que ya vivía en mí, desaparecía de repente, sentí como si me hubiera deshecho de cien toneladas que llevaba cargadas a la espalda durante meses... Como "joder, qué bien por fin respirar". Decidí que no quería dejarme la piel en algo que no tenía solución, y me va bastante bien. A día de hoy todo esto ha tomado otra dirección y no me arrepiento para nada de haber renunciado a ciertas cosas. A veces hay que dejar atrás aquello que te impide avanzar, por mucho que creas que tú sitio está ahí. Yo no era feliz. Estaba convencida de que no podía deshacerme de todo aquello, creía que nada mejoraría si cambiaba lo establecido. Pero estaba equivocada. Ahora mismo he aprendido cuál es el valor de las cosas, sé qué es lo importante e imprescindible, he aprendido a disfrutar, saborear los detalles y a no hacer caso lo que no vale la pena. Por una vez en mucho tiempo, he parado, y me he sentado a ver cómo el sol se esconde detrás de esas casas. He apreciado el espectáculo que se crea en el cielo y cómo pasa de ser amarillo a diferentes tonos de naranja y poco a poco, se va convirtiendo en algo rojizo. Cómo después de eso ya no queda nada y todo está tranquilo mientras oscurece. Y ¿sabes? esto es lo que básicamente me hace feliz. Que cuando el sol se esconde sigo mirando al cielo como si el tiempo no pasara, y me quedo a ver lo especial de las estrellas y la intensidad de la luz de la luna depende el día. Eso es lo que he aprendido a hacer. A adaptarme, a disfrutar de los cambios, a buscar el lado bueno de las cosas. Que me encanta cuando la luna está llena porque alumbra más que el resto de las noches, pero que sé disfrutar del cuarto creciente. Ahora soy feliz. Soy feliz y.. no sé, no sé por qué. Pero cierro los ojos, el invierno que entra por mi ventana me invade y es que no quiero que esto cambie. Me siento bien. 3, 2, 1... Por fin. Historial de búsqueda eliminado. Empezamos de cero. 

martes, 23 de septiembre de 2014

Te miraría millones de veces sin aprenderte nunca de memoria

Ya ni recuerdo lo que era perderme entre tus brazos. Casi no recuerdo cómo me mirabas, ni qué era eso de despedirme de ti cada noche en la puerta de mi habitación y echarte de menos hasta la mañana siguiente. No fue tanto pero fue lo más importante. La primera vez que alguien, con tan poquito, me hacía sonreír de manera tan idiota... Sigues siendo esa espina clavada en el lado izquierdo. Por cómo me acariciabas, por la manera en la que me mirabas, por todo lo que ahora mismo, soy incapaz de recordar como algo nuestro, por todo lo que algún día llegamos a compartir. Pero ahora mismo eso no es lo importante. Como ya sabrás de memoria, el tiempo ha pasado muy rápido, después de todo, me ha dado tiempo a tragarme las caricias, los besos, las sonrisas y aquellos días en los que no teníamos prisa, he digerido cada puto detalle y he intentado que no me revolviera mucho las tripas. De ti, sólo me quedan escasos recuerdos y la certeza de que como se llame aquello que tuvimos, quedará escrito en las cientos de hojas que he podido llegar a redactar contando cómo te tocabas el pelo... Dicen que solo nos enamoramos una vez, y que el resto de nuestros días, los pasamos buscando a alguien con quien volver a sentir lo mismo. ¿Era amor eso que sentía en la tripa cuando decidías quedarte un rato más? ¿Era amor ese brillo que tenía en la mirada cuando te reías de mis bromas y me hacías reír con las tuyas? ¿Era amor ese escalofrío que me recorrió el cuerpo la primera vez que me dijiste 'te quiero'? Quién sabe, quizá dentro unos años recuerde estos días y me diga que todo este tiempo lo he invertido en una simple tontería, o quizá en unos años me de cuenta de que eras el verdadero pero... oye chico, el de verdad, una pérdida de tiempo o una tontería, pero seas lo que seas, me has hecho muy feliz todo este tiempo.

domingo, 6 de julio de 2014

"No hay prisa, te duele el corazón al recordar su sonrisa..."

Qué cojones es esto. Se me revuelve el estómago, se me acelera el corazón. Unas ganas de llorar tremendas me invaden, se apoderan de mi cuerpo. Ya han pasado dos años. Dos jodidos años. Con sus doce meses, sus cincuenta y dos semanas, con sus trescientos sesenta y cinco días... y las cosas han cambiado, como es de esperar. Ya no te sufro, ya no me dueles. El tiempo recuperó su ritmo natural y ya no me hace daño, los recuerdos dejaron de ser tan recientes, se suavizaron y el recordarlos ya no supone un sufrimiento incontrolable. Los días han ido pasando, es verdad, pero hay cosas que no cambian nunca... mira que habré hablado veces del olvido, pero resulta que nunca he llegado a conocerlo; no cabe duda de que he crecido, pero la sonrisilla de niña enamorada cada vez que haces alguna tontería sigue siendo la misma. Que no, que lo esencial, lo importante, sigue estando aquí dentro. Aún se me pone la piel de gallina desde el minuto cero cuando escucho aquella canción que se convirtió en la banda sonora de todos nuestros momentos, me sigue temblando todo cada vez que me diriges esa sonrisa tan tuya... Que sigo sonriendo en plan idiota cuando me dices alguna de tus muchas tonterías. Sigo deseando con las mismas fuerzas el poder perderme en tus brazos por un tiempo indefinido pero y qué, el tiempo, por suerte o por desgracia, ha pasado, y eso es algo inevitable... Todo lo nuestro se ha alejado tanto como aquellos días de hace dos años, tanto, que ahora mismo seríamos incapaces incluso de reconocer una pizca de lo que fuimos, de lo que llegamos a ser. Se nos haría imposible volver, recuperar. Jamás en la vida volveremos a ser ellos, no recuperaremos todo aquello porque no, porque lo perdimos, y porque por aquel entonces ni siquiera intentamos encontrarlo. Pero no es culpa de nadie. La culpa no la tienen los besos que no nos dimos, no la tiene la indiferencia de aquellos tiempos y tampoco la tiene el tiempo. La culpa no es tuya. Ni mía. Las cosas pasaron, y fueron como tenían que ser. Y fue eso lo que nos tocó. Irnos. Lo que toco fue perdernos. Y si ahora queremos encontrarnos, toca volver a empezar. Dar pie a un nuevo comienzo. Volver a conocernos, volver a enamorarnos. Porque la nuestra era una historia con demasiada mierda acumulada, era una historia con demasiado peso como para poder seguir adelante. Estaba muerta. Así que dejemos que nazca una nueva, con un par de protagonistas que aún no se conocen pero ya se han sonreído. Como tú, como yo.

domingo, 22 de junio de 2014

Catorce primaveras

Empezaré diciendo que me llamo Nahia, tengo catorce años y me dan miedo las arañas. No tengo mucho misterio. Llevo la vida que cualquier chica de catorce años puede llevar. Voy al cole, salgo con mis amigas y quiero cambiar el mundo, puede que incluso me vea con fuerzas para hacerlo. La verdad, vivo bien. Tengo unos padres que ya les gustaría a muchos, unas amigas que no cambiaría por nada y un hermano un poco idiota. No tengo perros, ni gatos, ni tortugas. No me quejo.
A mis catorce años, he viajado a varios sitios, entre ellos Tenerife o Londres, pero sin duda alguna, me quedo con París. Quizá sea porque el verano en que me fui allí viví muchas cosas, no lo sé. Puede ser que lo recuerde tan bonito y tan mágico porque aquel año también lo fue. Pero París es especial. También he viajado a lugares inimaginables dando apenas un par de pasos, gracias a los libros que ocupan las dos estanterías de encima de mi cama. Es la mejor manera de escapar de la realidad, para mí, al menos. He vivido mil historias y he sentido millones de cosas, aunque muchos no vayan a creer lo que digo. Empiezo a leer y de pronto me encuentro en un sitio completamente diferente, metida hasta el cuello en una historia que termino considerando incluso mía y no sabéis lo bonito que es eso... Me pasa parecido cuando cojo una hoja en blanco y me pongo a escribir. Que me voy lejos, muy muy lejos, me escapo de la realidad. La verdad, no sé cuando descubrí todo esto. Cuando era pequeña solían decirme que me expresaba muy bien, pero nunca supe a qué se referían hasta que probé a escribir por y para mí. Es algo que me encanta y espero no dejar de hacer nunca, pero siendo sincera, no creo que pueda tener futuro en ello. Yo sólo escribo y me vacío, y como en todo lo demás, creo que lo que hago no es algo que se pueda destacar, siempre habrá alguien que lo haga mejor, como en todo. Pero no me importa, no me gusta compararme con nadie porque creo que a pesar de que para los ojos de quien no nos conoce todos seamos iguales, cada uno es un mundo diferente al anterior... y hablando de mundos, me encantaría recorrer el mundo en el que vivo. No quiero quedarme aquí simplemente porque es lo más cómodo. Y seguramente os esté hablando una joven soñadora con ganas de comerse el mundo en vez de recorrérselo, porque es verdad, siempre he estado un poco en las nubes y he querido cambiarlo todo, pero se me hace inevitable si me pongo a pensar que esta es la única vida que voy a poder disfrutar, así que cuando tenga los suficientes recursos como para hacerlo, quiero cargarme una mochila a la espalda, el novio que tendré a mi lado, y ya veremos después qué. ¿No sentís curiosidad? Por aprender, por conocer. A mí, personalmente, creo que nunca me faltarán ganas para seguir aprendiendo y descubriendo cosas nuevas, porque no, no quiero verme en un futuro tan apática que mi vida se base en pasar los días sin preocuparme ni importarme nada. Quiero, a los ochenta y tres, seguir sintiendo; sintiendo dolor, placer y amor. Quiero seguir conociendo y queriendo conocer. Queriendo, a secas. Porque me pueden gustar las puestas de sol, los algodones de azúcar, cantar en la ducha o el helado de vainilla. Pero querer es lo más bonito del mundo. Y ser querido, y dejarse querer. Y os lo dice una que no sólo tiene miedo a las arañas. A todos nos han roto el corazón alguna vez, y fue a raíz de eso que en su día tuve miedo incluso a enamorarme. Puede que penséis que con catorce años no ha dado tiempo a vivir tanto, tan intensamente, pero os equivocáis. A mis catorce años he sentido mucho, muchísimo. En poco tiempo descubrí a qué se referían cuando hablaban de aquellas extrañas mariposas en el estómago, supe lo que es que se te pongan los pelos de punta por un mínimo roce de mejilla, entendí que se podía querer más allá de lo que conocía hasta entonces. Siempre he sido de sonreír mucho, pero fue la primera vez que alguien convirtió en inevitable dejar de hacerlo y bueno, supongo que cuando todo eso se acabó, me entraron miedos por todas partes. Y el de enamorarme de nuevo fue uno de ellos, pero gracias a eso comprendí que no, que ningún error importa tanto como para privarnos del lujo de volver a amar y ser amados. Puede sonar cursi, yo qué sé, pero es que creo en el amor, en las personas. En que podemos hacer que las cosas salgan bien, aunque a veces quiera mandarlo todo un poco a la mierda. Es que pienso mucho, quizá demasiado. Todo lo que hacemos tiene sus consecuencias, y es por eso que le doy vueltas a todo. Se me hace imposible no preocuparme por algún tema que sé que puede perjudicarme, que puede afectarme. Por muy pequeñas que sean las cosas para mí no son insignificantes, pienso que hay detalles que hacen grandes rasgos y que a veces lo más simple es lo más bonito. Así que disfruto de las pequeñas cosas, porque me encantan. Porque una sonrisa puede cambiar la situación o tu estado de ánimo, y es tan solo moviendo un par de músculos. Es tan sencillo sonreír y me gustan tanto las sonrisas... Por eso sonrío casi todo el tiempo, no sé, adorna un poco la expresión de la cara. Hace que mis ojos, que no sé si son verdes, o marrones, o un poco de todo, tengan un brillo especial, y hace que yo en general parezca más agradable.
Mi mejor amiga. Creo que es necesario mencionarla, porque es parte de mí. Siempre lo digo, somos polos opuestos. Para empezar, ella tiene una melena de un rubio dorado precioso. Yo, en cambio, tengo el pelo rizado, castaño oscuro. Y no solo en eso, somos como el día y la noche, pero por eso, precisamente por eso nos queremos tanto y nos complementamos tan bien. Y es que ella me conoce tan bien, tan tan bien, que quizá me conozca incluso mejor que yo. Porque sabe qué me pasa cuando ni siquiera yo lo sé, y sabe cuál es el momento indicado para darme un abrazo, y sabe qué palabra decir en el momento adecuado. Y sí, se supone que estoy hablando de mí, pero no, no podía hablar de mí al completo sin decir nada de ella.
A fin de cuentas no sé cómo soy. Sólo sé que estoy aquí, y mañana... mañana no lo sé. Sé que confío en tres y que me las voy a llevar allá donde vaya, que estoy bien, que, hay veces, que las cosas son más sencillas de lo que creemos, y más bonitas... Y lo fácil que parece a veces, ser feliz.


miércoles, 11 de junio de 2014

Ella no está. Ya no está.

Paso más parte del día durmiendo que despierta. Creo que voy a llegar al límite, no puedo más... Estoy sola. Rodeada de gente que dice que estará ahí siempre que lo necesite, pero que no se da cuenta de que es ahora cuando más lo necesito. Y no están. Llevo mucho tiempo siendo un cero a la izquierda, y al final te acostumbras. Al dolor, a no tener voz ni voto. Te acostumbras a callar, a estar como si no estuvieras, terminas acostumbrándote a que no cuenten contigo para nada y a que siempre seas aquella de la que nunca se acuerdan. Pero acostumbrarse a algo no significa que te guste, ni de coña, no significa que no te haga daño. Simplemente te haces a la idea de que seguirá siendo así y de que no hay otra. Te tratan como a mierda, como si no sintieras. Como si tú nunca sufrieras, como si lo aguantaras todo. Y qué, qué pasa cuando terminas por creerte la misma mierda que ellos te consideran. Qué pasa cuando ya no tienes motivos ni fuerzas para valorarte tú misma. "No quiero estar aquí, no quiero estar aquí...". Desaparecer. ¿Y sabéis lo más triste? Que no se darían cuenta. Que ahí fuera nada cambiaría aunque tu dejaras de estar. Como cuando en una película el actor secundario muere y el final sigue siendo feliz. Así me siento, como la parte prescindible de la historia, como quien da lo mismo estando que sin estar. Llevo demasiada mierda encima, demasiados desprecios, demasiadas decepciones, demasiada indiferencia... cúmulos. Cúmulos que empiezan a pasar factura, cúmulos que ya no puedo soportar más, que pesan y desgastan. Ya no recuerdo lo que era sentirse importante. Ya no sé lo que se siente al saber que alguien te necesita, al saber que eres imprescindible en alguna que otra vida...
Que alguien me abrace, por favor. Necesito un abrazo. De esos que te dicen que todo irá bien, en los que se te saltan las lágrimas pero hacen que te sientas como en casa... Necesito desesperadamente que alguien me saque de esta. Por favor.

sábado, 17 de mayo de 2014

Siempre tuvimos los días contados.

De esos que con poco hacen que te tiemble hasta la voz, de esos que te marcan fácil y cuesta quizá demasiado olvidar. Se repite constantemente la película en tu cabeza, cierra los ojos, vuelve a imaginar el momento exacto en el que por fin, te sientes protegida entre sus brazos. Ahora a cámara lenta. Poco a poco. Te empiezan a brillar los ojos y sonríes, sonríes casi sin querer, sonríes como nunca, sonríes como si el resto del mundo fueran solo extras en la escena más bonita de la película y encontraras algo de silencio en todo ese barullo. Corres, con miedo a que deje de estar, con miedo a que se vaya, corres porque no podrías soportar que desapareciera. Y es que son unos pocos segundos los que transcurren, pero dios, son eternos. Sin darte cuenta estás ahí, después de tanto tiempo tienes la cabeza hundida en el hueco que tiene entre el hombro y el pecho, después de cinco meses, después de haberte ido y haber vuelto, de haber querido estrujarle entre tus brazos y haber tenido ganas de echarlo todo a perder, después de sonreír en plan idiota y haber tenido unas ojeras que significaban algo más que una mala noche. Por fin estás donde querías estar, y es que alzas la mirada y sigue ahí, tan cerca como todo este tiempo, solo que esta vez eres capaz de percibir su olor, de tocar su pelo, esta vez eres capaz hasta aprenderte de memoria el ritmo de los latidos de su corazón. 
Pero es que ya no está. Miras al techo, son las dos y media de la madrugada y sigues así. Con la mirada puesta en un punto fijo, contemplando la inmensa oscuridad que habita entre esas cuatro paredes. Acabas de abrir los ojos y has vuelto de golpe a la triste realidad, dieciséis días después de aquello que acabas de revivir, una vez más. En ningún momento pensaste en qué pasaría después de aquel día tan esperado. No pensaste, al verlo al otro lado de la calle, que la despedida sería mucho más dura que todos esos meses contando los días. Ahora sólo queda eso. Cerrar los ojos y por unos instantes, tener la sensación de que aún lo tienes a medio milímetro diciéndote cosas que ojalá no significaran tanto...

jueves, 10 de abril de 2014

Secuelas

Hoy, después de casi dos años, me apetecía recordarlo todo. La canción que desde entonces me revuelve las tripas ya está en modo repetición, ni siquiera le he dado tiempo a que suene la tercera nota, los ojos se me han inundado y se me ha empezado a nublar la vista. Pero eso es algo a lo que ya estoy acostumbrada. Cada vez que la pongo un escalofrío recorre mi cuerpo de punta a punta, me sacude de arriba abajo. Fue un verano muy intenso. Más que nada porque fue entonces cuando experimenté por primera vez millones de sensaciones que no sabía ni que existían. Cuántas veces habré repetido la historia, cuántas veces habré contado que me hacías feliz sólo con mirarme, que gracias a ti supe lo que era la sonrisa permanente, que me dolía la comisura de los labios porque hasta cuando intentaba ponerme seria me salía esa sonrisilla de niña enamorada. Habré recordado todo lo vivido minuto a minuto infinidad de veces, pero es que no me canso, que llegué allí sin saber qué sería de mí y me encontré días después tumbada encima tuyo, bajo un árbol que lo vio todo, acariciando tu piel como si se tratara de un juego... Y no, no me pidáis que lo olvide porque no lo haré jamás, ni de coña, me niego a aceptar que lo más bonito que me ha pasado ha sido un error, me niego a aceptar que para que deje de doler olvidar es necesario, porque es mentira. Sería idiota si olvidara la manera en la que me trataste, los besos que me diste y todo lo que fuimos, por muy poco que fuera, por mucho que se quedara en intento. Aseguro que por mucho daño que causara después todo aquello, no cambiaría absolutamente nada, porque sé que nadie, ni con más abrazos, ni caricias, ni más besos hubiese logrado algo parecido. Me enamoré de ti cada vez que por la mañana, te veía en pijama y con cara de dormido sonreírme al otro lado de la habitación, me enamoré de ti cada vez que me agarrabas por la cintura y te miraba, me perdía en tus ojos color café y me volvías loca con tu besos... Me enamoraba de ti cada vez que hablabas, básicamente. Que me da igual, que fue algo fugaz pero intenso, que no lo entenderán pero yo te quería por aquel entonces, y que si ahora te sigo recordando con una sonrisa será que algo hicimos bien.

lunes, 10 de marzo de 2014

A veces sólo pasan los días.

Hace ya tiempo que me siento vacía, sin nada más que poder sacar. Quizá vacía no, pero tengo tal desastre aquí dentro que se ha creado un tapón que impide que los sentimientos, las ilusiones, incluso que todas mis preocupaciones salgan. Es algo extraño, no sabría definirlo. Siempre he creído que toda vida tiene que tener un motivo para vivirla. Un motivo para despertarse cada mañana, para salir a la calle. Una razón por la cual te arreglas, por la cual te acuestas cada noche. Pienso que todo aquel que vive, es porque ha conseguido darle un sentido a sus días... un sentido con nombre y apellidos, a poder ser. El caso es que si no hay motivos dejas de vivir la vida, y te limitas simplemente a pasar los días. A sumergirte en una rutina sin motivación alguna, sin un remoto sentido. No sé cómo, pero mis sentidos hace un tiempo que dejaron de tenerlo... y con esto no estoy diciendo que esté mal, ni mucho menos. Para nada. Pero, ¿Por qué y para qué se supone que vives si nada tiene sentido? Me tuve que olvidar de quien hacía que levantarse cada mañana sirviese para algo, me obligué a a dejar de sentir por quien me daba motivos para salir a la calle y arreglarme antes de salir de casa. Me costó, no sabéis cuanto me costó, pero lo conseguí. Y ahora que todo eso ha quedado atrás, me he quedado sin motivos... Y es que pensé que en cuanto lograra deshacerme de todo el lastre que suponía querer a alguien que no volvería a estar, volvería a sentir por alguien lo que sentí por él. Pero las cosas no han sido así, el tiempo pasa y los recuerdos empiezan a dolerme menos, pero esto no mejora, no cambia. Ya no pierdo el culo por nadie, ni siquiera he conseguido ilusionarme lo más mínimo por alguien... Se hace muy pesado eso de que lo que le daba sentido a mis días ya no esté, y no haya aparecido otro sentido con sus mismo ojos. Ya no hay por quien salir cada fin de semana, ya no hay motivo por el que pasar cada día por el mismo sitio. A estas alturas, ya no espero encontrar ninguna mirada cómplice a las seis de la tarde del sábado, como solía hacer entonces...

sábado, 8 de marzo de 2014

Tears don't meant you're losing

No hay nada más bonito que el brillo de unos ojos al hablar de su libro favorito, las mejillas sonrojadas al mirar a la persona que se ama, nada más bonito que las sonrisas que salen sin querer, las cosquillas en la tripa. Podría enamorarme de su risa a las tres de la madrugada, de sus ganas de cambiar el mundo...

miércoles, 12 de febrero de 2014

Volvería, volvería tantas veces...

Me enamoraría una y otra vez de cada detalle y de cada arruga que se le formaba cuando sonreía, de la más mínima tontería, me volvería a enamorar de cómo se tocaba el pelo o de la mueca que hacía cada vez que sin querer metía la pata. Y no, no os diré que siempre estuve enamorada de sus defectos porque es mentira, porque eran éstos los que me hacían ponerme de los nervios y pasar de estar enamorada a odiarlo con todas mis fuerzas, pero sí os diré que a pesar de las veces en las que su chulería o su actitud de pasota cogían más peso de lo debido a mí nunca me importó que me mandara a la mierda siempre que después lo compensara con alguna que otra chorrada y varias tardes de sofá, mantita y peli a su lado. Que a mí siempre me tembló todo cuando me soltaba cualquier tontería y me guiñaba el ojo de una manera tan peculiar y tan interesante, que no me hacía falta nada más para sonreír en plan idiota durante horas, que sentía como un pellizco en el estómago por el simple hecho de pensar en él y no podéis imaginároslo cuando me abrazaba por la espalda, me cogía por los aires y empezaba a darme vueltas, porque en esos momentos me salía la sonrisa más grande y más verdadera de todas e instintivamente le gritaba que parara, cuando en realidad era lo último que quería aunque, él nunca supo entenderlo muy bien. Volvería a enamorarme del gesto más simple siempre y cuando fuese suyo, perdería el culo una vez más por una mirada de esas que me decían de todo y aunque suene raro es verdad, nunca me olvidé de cómo sonaba su voz tan de cerca. Después de todo y de tanto tiempo volvería a caer por sentir de nuevo sus manos recorriendo cada centímetro de mi cuerpo y sobre todo, por tener sus labios por mi cuello, para siempre.

lunes, 20 de enero de 2014

Respira, así sabes que estás vivo

Estoy de sobra, no hago falta. Nadie quiere quedarse a mi lado, nunca soy primera opción de nadie, ni de quien pensaba que sí lo sería. ¿Tan por encima están de mí? ¿Tan poco hueco tengo en la vida de los demás? Ni siquiera, quien en su momento corría a llamarme cada vez que le pasaba algo digno de contar, se acuerda de mí de vez en cuando. No tengo ningún apoyo, ningún refugio, ningún rescate cuando estoy en el puto medio de una multitud que me pisotea, me agobia, me arrastra. A veces, es mejor encerrarse en tu habitación, apagar la luz y esconderte bajo las sábanas con la canción más triste que hayas escuchado jamás en modo repetición. Y dejarte caer, las lágrimas, y cerrar los ojos, sin siquiera prestar atención a las tonterías que va diciendo, sobre la soledad y lo puta que es la vida, y no se qué cojones más. Ojalá poder desaparecer, "no te preocupes, no se darán cuenta", qué va, no lo harán, y eso es lo más triste... Tú llevarás horas muriéndote un poquito más por cada lágrima que derramas, pero saldrás de esa habitación y nada, absolutamente nada habrá pasado ahí fuera. Sólo quedarán tus ojos rojos y una noche más sin que hayas podido dormir...