lunes, 30 de septiembre de 2013

¿Y si ahora te pido que vuelvas?

Estoy harta de pensar que sí, de ver que no, de engañarme a mí misma. De sentir esos putos escalofríos cuando te pienso, cuando te recuerdo; que me recorren de punta a punta hasta cuando tengo calor. Estoy cansada. De ver constantemente cómo una persona pasa a ser otra totalmente diferente en mis narices, y no poder hacer nada. Que se va, lo veo, lo sé. Y aun y todo no hay nada que pueda hacer para que vuelva el mejor amigo que tenía, que ahora se ha convertido en uno de esos gilipollas que yo decía odiar. No soy capaz de recordar su voz, su risa, ni siquiera sus besos en la mejilla. Lo que sí recuerdo es la manera en la que me sacaba a flote cada día, por muy hundida que estuviera. Que me decía "eres la mejor" y se veía a kilómetros que me quería, y que en cualquier momento era capaz de soltarme un "te quiero" de los que sólo el sabía decir. No me puedo creer que alguien que vale tanto, o valía tanto la pena, vaya a perderse así.

martes, 24 de septiembre de 2013

"Eh, estoy aquí. Tranquila."

-Sh, no hables. Siempre eres tú quien me lleva a todos lados, quien me hace hacer todas estas locuras, así que esta noche no planees nada. Sólo vístete y espérame en tu puerta. Hoy paso yo a recogerte. Y prepárate, porque no vamos a ir en moto, ni en coche, ni en taxi, ni siquiera voy a dejar que cojamos un bus. Vamos a recorrernos Madrid de punta a punta y, ¿sabes lo mejor? Voy a ponerme el vestido rojo que viste en mi armario la primera vez que viniste a mi casa. Llevas pidiendo que me lo ponga 39 días seguidos. Y para sorprenderte aún un poquito más, voy a desvelarte que voy a ponerme los tacones altos. Simplemente para darte esa satisfacción; y bueno, la verdad es que a mí también me hace ilusión que me veas diferente. Estás acostumbrado a verme en Converse, vaqueros y sudadera, y aún así sigues diciéndome que estoy guapísima. Por eso mismo, hoy quiero darte motivos para que lo digas. Para qué mentirte, no voy a llevarte a un restaurante caro y estirado, porque paso. Voy a llevarte al Burger King, vamos a comernos una hamburguesa de las grandes, de esas que manchan, y una grande de Coca Cola; que te gusta más, tenemos que fingir menos, y salimos antes de toda esa gente. Después vamos a salir corriendo no sé hacia donde, vamos a bajar esas hamburguesas, voy a deshacerme de esos tacones y voy a remangarme el vestido. Hoy vas a estar en mis manos, ¿de acuerdo? Claro que estás de acuerdo. Más tarde, iremos a una heladería y compraremos dos cucuruchos de tres bolas; ya sabes, siempre me ha gustado hacerlo todo a lo grande. Tú, cogerás uno de chocolate, yogurt y vainilla, porque sabes que me encanta el sabor que se te queda. Y luego, nos perderemos por las calles que iluminaremos con nuestra sonrisa. Esta noche déjate llevar, que yo haré el resto.- Y así, cuelga el teléfono. No me da tiempo a decirle nada. No me ha dejado decir ni hola. Me deja algo desconcertado. Pero me encanta. Es imposible decirle que no. Aunque me cuelgue, aunque haga lo quiera, a mí me gusta así. Precisamente por eso. Porque hace lo que quiere. Y con este pensamiento, y una sonrisa descomunal, me dirijo al armario, tengo que prepararme.

Últimos pedacitos de ti.

Ni siquiera sé por qué, pero he empezado a temblar. Supongo que estaré baja de defensas y los recuerdos han vuelto a atacar donde más saben que duele. Hace tiempo que no siento que pertenezco a ningún lado. ¿Cuál es mi sitio? No veo la hora de salir corriendo en busca de algo nuevo, de algo diferente. De algo que pueda hacerme sentir a gusto, y me haga ser plenamente feliz. No para siempre, eso no existe. Pero por una temporada, por unos meses. Para sonreír como lo hacía antes, para que no se me olvide lo que es sentirse tan completa, tan feliz. Para poder pensar por unos instantes "joder, lo fácil que parece a veces ser feliz". Y cerrar los ojos, y dejarse llevar... como hacía contigo. Para, para, para. Joder. Todo eso ya pasó. Contigo ya no. Contigo ya nada. Pero, ¿y toda la mierda que se acumula? ¿y el móvil que no recibe ninguna llamada que te saque de ésta?
Es que no sabéis lo que se siente al ir olvidando poco a poco, empezando por la primera batalla de muchas que se formó en mi estómago cuando me abrazaste después de un enfado de meses, o cuando me doy cuenta de que ya casi no recuerdo el sonido de tu voz, de que nadie me ha vuelto a hablar así jamás, siguiendo por las palabras que me dijiste en el momento exacto en que creí que me moría, por que no había llegado a ser nunca, nunca, tan feliz. No sabéis lo que jode no ser capaz de recordar su olor, y más aún si no ha aparecido ningún otro aroma que me hiciese enloquecer. Sólo alguien que me haga sentir segura, que venga a darme su calor en los días más fríos. Alguien que me haga sentir que valgo la pena. Y que sé que esto no lo leerá nadie, y si lo hace, no será quien vaya a venir a darme su calor. Necesitaba escribirlo. Simplemente. Ya estoy acostumbrada, cuando días monótonos como estos se empiezan a acumular ya en meses, no se hace tan duro. Digamos que te mantienes. Y ya, sólo dejas de sonreír.

"Sólo porque te acostumbres a algo no implica que te guste."

domingo, 15 de septiembre de 2013

Minuto 0:20

"He aprendido, por ejemplo, que lo que una vez nos dice la cabeza, más tarde, el corazón lo termina traicionando."

Ya ha pasado mucho tiempo. Esta vez estoy refiriéndome exactamente a un año y nueve meses, desde la primera vez que dije en alto que te quería. Y como es de esperar, han pasado muchísimas cosas. Has sido lo mejor que me ha pasado, pero hoy no vengo a hablarte de las veces en las que me has hecho sonreír como una verdadera idiota, ni a recordarte las veces en las que fuimos algo parecido a felices. Hoy escribo esto para contarte que he terminado el libro en el que contaba nuestra historia, que he estado a punto de arrancarle las últimas páginas, pero he preferido leerlas. No he querido quemarlo, y mucho menos tirarlo a la basura. Ahora, ocupa un sitio en la estantería principal de mi habitación, ya que forma parte de mi pasado. Éste ha sido uno de esos libros que te encanta, que vives de tal manera, que no quieres llegar a la última página, simplemente porque sabes que no volverás a vivir esa historia como la primera vez. Y me ha pasado como a la mayoría, se termina el libro pero la historia no deja de dar vueltas por tu cabeza... He empezado con uno nuevo, y no sé muy bien si está a la altura. Con esto quiero decirte que algún que otro chico ha conseguido hacerme estallar en mil sonrisas de vez en cuando, me he ilusionado con varios, y... al final, he reunido el valor para ser capaz de querer a alguien que no fueras tú. Pero ni comparación. ¿Que con todo ésto he conseguido olvidarte? Ni lo dudes. Pero tampoco dudes que ninguna sonrisa de esas, ni ninguno de esos besos, se han asemejado lo más mínimo a todo lo que tú provocabas en mí. Espero que algún día, llegue alguien que esté a la altura, o por lo menos, me vuelva un poco idiota.


Reflexión de las 12.54

Vuelves a pasar por delante y acto seguido, empiezo a notar cómo mi corazón se acelera, y cómo me sube algo por el estómago y me agarra el pecho. Serán las ganas de acercarme y estrujarte entre mis brazos, la impotencia de no ser capaz. A veces te dignas a mirarme, pero ni siquiera sonríes. Sólo me miras. Ojalá pudiese explicarme a mí misma por qué agacho la cabeza y evito tu mirada. O por qué no me salen las palabras cuando estás cerca. Eres el culpable de que mis uñas estén hechas una mierda, y de que cada vez, sea más difícil hacerme sonreír.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Si duele, es que importa

Pensé que las cosas serían diferentes, no sé, que merecía un nuevo comienzo, borrándolo todo, olvidándome de todo. Olvidé recordar que mi pasado siempre iba a ser mío, que esos tiempos quedan marcados, y que aunque deje de doler, si la tocas, la herida se sigue abriendo.
Nueve meses de mierda con el único calor de una sudadera y la sonrisa forzada. Sintiéndome una mierda, pasándolas putas por algo que no mereció la pena. Inmersa en un infierno que se había formado en mí. Pensé que por fin, podría demostrar que después de la tormenta, siempre viene la calma. No sé, siempre  he preferido pensar que si algo puede salir mal, saldrá mal; así es más difícil terminar decepcionándome. Es triste, pero de ilusiones no se vive, y he tenido que aprenderlo a base de putadas y desilusiones. Pensé que ésta sería mi oportunidad, pensé que... pero bah, como de costumbre, pensé demasiado.