domingo, 15 de septiembre de 2013

Reflexión de las 12.54

Vuelves a pasar por delante y acto seguido, empiezo a notar cómo mi corazón se acelera, y cómo me sube algo por el estómago y me agarra el pecho. Serán las ganas de acercarme y estrujarte entre mis brazos, la impotencia de no ser capaz. A veces te dignas a mirarme, pero ni siquiera sonríes. Sólo me miras. Ojalá pudiese explicarme a mí misma por qué agacho la cabeza y evito tu mirada. O por qué no me salen las palabras cuando estás cerca. Eres el culpable de que mis uñas estén hechas una mierda, y de que cada vez, sea más difícil hacerme sonreír.

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