sábado, 30 de mayo de 2015

¿No crees que nos lo debemos?

Lo único que quería era verte volver. Hice las cosas demasiado mal. Quizá por miedo, o quizá fue por falta de experiencia. Pero aún cierro los ojos y te imagino esperándome en el portal como solías hacer entonces, diciéndome “lo siento, nunca es demasiado tarde...” Y quizá es esa imagen que repito constantemente en mi cabeza la que me mantiene cada día, y al mismo tiempo, la que va rompiéndome poco a poco, haciendo que sigas estando presente en cada hoja de mi diario, haciendo que no te vayas nunca del todo, pero que esa presencia casi imperceptible duela...
En el fondo, debajo de todo el miedo y la confusión, sabía desde el momento en el que dije “no quiero seguir” que te echaría de menos. Pero las ganas de hacerme creer que realmente no sentía nada por ti eran demasiado fuertes en aquellos momentos, probablemente lo eran más fuertes que las ganas de estar contigo que era incapaz de identificar, ya que aún no había vivido aquello de no tenerte... En realidad, no sé qué se me pasaba por la cabeza. ¿Cómo pude creer que no te quería si cada vez que esperabas en mi portal sentía cómo se me salía corazón? ¿Cómo pude llegar a engañarme tanto, si cada vez que me abrazabas me temblaban las piernas? Cómo fui tan idiota de pensar que era capaz de seguir sin ti, si cada vez que me sonreías lo veía todo un poco menos malo, si todas las veces en las que decías que me querías sentía que ser feliz era incluso fácil, si fuiste tú quien me hizo sentir tanto con tan poco, por primera vez... Lo cambiaste todo y lo hiciste de golpe. De un día para otro provocaste tanto en mí, sin darme cuenta. Llegaste y desde el preciso instante en que lo hiciste no quise que te fueras, pero de eso, me di cuenta ya tarde. ¿No crees que merece la pena darnos una segunda oportunidad? Nos quisimos, de eso no hay duda. ¿Entonces por qué no intentar ser felices, juntos? Me equivoqué y me arrepiento, tendría que haber pensado un poco más, resistir un tiempo, quizá, no confundir sentimientos y esperar hasta verlo todo nítido... Pero en aquel momento el vaso se desbordó y no supe hacerlo mejor. ¿Sabes cuál es la diferencia y el motivo de mis ganas? Que estoy segura de que esta vez haría las cosas diferentes, que esta vez, estoy más segura que nunca de que te quiero, y de que lo hago por encima del resto de las cosas.  

viernes, 15 de mayo de 2015

Nos quisimos tanto a ratos...

¿Recuerdas la vez que me dijiste que te encantaba cómo me maquillaba? No fue el color de los ojos en lo que te fijaste, que también, fue la manera en la que me los pintaba... Nadie había prestado antes tanta atención en mí, en mi forma de sonreír y en cómo me sonrojaba. Supe que eras especial cuando te enfadabas conmigo cada tres días, pero no lograbas aguantar más de tres horas sin volver... Lo supe porque discutir contigo a veces no estaba tan mal. Recuerdo, que éramos como dos niños queriéndose a rabiar, pero parecíamos adultos complicándonos tanto algo tan simple, con lo fácil que es abrazarse y sonreír. Podrán decir que fue poco tiempo, que no pasamos casi tiempo juntos, que no nos dio tiempo a querernos ni a dejarnos tanta huella, pero sé mejor que nadie lo intensos que fueron ese par de meses. Sé que cada día nos contábamos una vida entera, que los días que pasamos el uno al lado del otro se me llegaba a agrietar la comisura de los labios de tanto sonreír, y sobre todo lo demás, sé que a pesar de no haberlo hecho bien, te quise más de lo que he querido a nadie nunca.
¿Sabéis por qué sigo queriendo invertir mi tiempo a su lado? Porque todos y cada uno de los momentos que vivimos, me siguen sacando una sonrisa por mucho que después se convierta salada. Porque cambiaría muchas cosas, pero simplemente aquellas que le hicieran volver... Porque no hay persona en este mundo que me haya hecho perder así la cabeza.