miércoles, 27 de febrero de 2013

"Aún la recuerdo.."

Su risa aún retumba en mi cabeza. Como una especie de canción que no para de repetirse. Es adictiva. La miro, y todavía sigue entre risas, como siempre. Se ríe, habla, sonríe, escucha. Y aún no encuentro nada que me haga echarme atrás. Dios, tiene la mejor sonrisa que he podido haber visto nunca, y sus hoyuelos... no podrían ser mejores. Me encantan porque se le marcan casi siempre, ya que sonríe tantas veces como respira. No se ríe como todas, es más, su risa es de las más extrañas que he llegado a escuchar.  A todos les hace gracia su risa, es peculiar, es diferente. A mí también, es algo que siempre me encantará, al igual que sus labios, con los que juega constantemente. Siempre se muerde los labios; no sé si porque echa en falta otros con los que jugar, o porque le encantaría mordérselos a él. Lo que daría por contemplarlos más de cerca, poder jugar con ellos, ser su dueño. ¿Y sus ojos? Sus ojos podrían calificarse como la peor tortura conocida. Son mágicos, surrealistas. Tiene una mirada intensa,  de un marrón tirando a verdoso que podría conquistar a cualquiera, a mí, en este caso. Casi se cierran cuando se ríe. Sus ojos rasgados han conseguido hacer maravillas en mi, me han hecho sentir tanto...
Me encanta. Me encanta cuando llega a clase con cara de dormida, como si la noche anterior se hubiese puesto a contar ovejas y no se terminaran nunca, y cuando se ríe tarde de las cosas, o cuando está despeinada pero sus rizos siguen siendo perfectos. Me gusta cuando se pone histérica y suelta cualquier burrada, cuando se le llenan los ojos de lágrimas cuando le dan una buena noticia, y me gusta aún más cuando se tropieza y casi se mata. Cuando canta a los cuatro vientos su canción favorita como si le fuese la vida en ello, cuando se pinta los labios de rojo y baila delante del espejo, o también cuando juega con sus rizos como una niña juega con sus muñecas. Me encanta cuando es feliz por que sí, cuando tiene ganas de todo y quiere arreglar el mundo, empezando por su habitación, cuando se vuelve adicta a las Cookies y como dice ella "se pone gorda". Cuando se enfada y al minuto vuelve a quererme, cuando tiene ganas de pasarse la tarde en pijama comiendo palomitas, cuando quiere comerse el mundo y no le dejan, cuando habla sola para aclarar sus ideas, y sobre todo, me gusta cuando piensa en él... porque siempre que lo hace, le sale la mejor de sus sonrisas. Me gusta siempre, me gustan sus manías y me gustan sus aficiones, me gusta que se ría conmigo, juntos, me gusta que se enfade, que se cruce de brazos, pero que no pueda aguantarse la risa, me gustan sus palabras, sus salidas de tono, sus opiniones, me gusta que lo diga todo tan natural, me gusta que tenga ganas de ser feliz, de todo, de conocer, de descubrir, me gusta que sueñe, que haga sus sueños realidad. Me gusta que sea ella, porque siempre que sea ella, me gustará todo lo que haga, ya que no hay nada en este mundo que pueda hacerme más feliz que verla sonreír.

miércoles, 20 de febrero de 2013

A veces no hay por qué, simplemente dejas de querer lo que un día amaste

Querida Cristina: 
He decidido hacerte esta carta porque mereces saber que nada de esto es culpa tuya, simplemente todo ha cambiado, y no sé decirte por qué. Te adoro, pero no... no puedo seguir contigo. Lo aceptas que te he mentido, y eso no es lo peor, lo peor es que llevo haciéndolo desde el primer día... Y lo más ridículo, es que también me he mentido a mí mismo, creyendo que al fin te había encontrado.
Adoraba, cómo pasabas de enfadada a enamorada en cuestión de segundos, me encanta tu piel, y el olor a crema hidratante cada vez que me abrazabas. Adoraba el modo en el que decías sí a todas mis locuras, no podía vivir sin tus abrazos constantes; me encantaba cuando te burlabas de mis tonterías y eso te hacía estallar en mil sonrisas, disfrutaba sin hacer nada, matando el tiempo, paseando, besándonos. Adoraba tantas cosas de ti...
¿Los viejos tiempos siempre vuelven?
En cambio ahora, odio tus cambios repentinos de humor, detesto cuando te pones esa crema hidratante y me tocas con la piel pegajosa. Odio tu poca iniciativa y que digas sí a todo... me agobia, que quieras estar siempre pegada a mí, y me enfurece que te burles de mis cosas, y encima te rías. Me aburre estar sin hacer nada, perdiendo el tiempo. Por eso no puedo seguir contigo, porque cometí ese error que comete todo el mundo, de creer que eras quien yo quería que fueras, de, sin conocerte, decirte que eras la mujer de mi vida, de pensar, que eras mi una entre un millón. Porque eran cada vez más ganas de encontrarte, que de las de estar contigo. Pero no has sido tú la única engañada, yo también me creí que eras para siempre. Que serías mi antes y mi después, lo que siempre había soñado. 
Se que me volverá a pasar, me volveré a mentir, volveréis a aparecerme todas las anteriores, y volverá a parecerme todo increíble. Me veo mintiéndome otra vez, equivocándome, pero ya no contigo, no contra ti. Lo siento mucho, te deseo lo mejor.
 Marcos. 

sábado, 16 de febrero de 2013

He aprendido que llorar no te va a devolver a la persona que quieres

Y si hoy me preguntaras que si lo he olvidado, que si ya he pasado página, te diría que sí, que todo está superado, que ya no queda nada. Que lo he borrado todo, que ni me importa ni lo quiero. Lo diría tan convencida, tan segura, que hasta yo llegaría a creérmelo. No se cuantas veces habré dicho que ya no sentía nada, cuantas veces me lo habré creído hasta yo... La verdad es que lo he intentado con otros chicos; sí, parece raro que haya podido fijarme en otras sonrisas, en otros ojos, en otras miradas, o en otras maneras de llamarme "fea". Pero te aseguro que ninguna ha podido superarlo...  nada ha podido hacerme sentir lo mismo, y lo se, lo se porque no he sido capaz de engancharme a nada que no fuera tuyo. Los demás chicos no me han hecho sentir ni lo más mínimo, pero aun y todo, seguí pensando que era lo mejor que podía hacer para olvidarte. Me he llegado a sentir tan vacía... Era eso de no poder seguir adelante, pero tampoco echarte atrás. Lo raro es... que no, no te he olvidado, pero es que... no se qué es lo que siento. Ya casi ni sufro, ni te lloro, ni nada. Cuando creo ver una salida, una luz, otro camino... es decir, otro chico, me doy cuenta de que cuando lo miro, no siento como sentía contigo. Y esque sigo empezando a temblar cuando te veo, porque podría jurarte y perjurarte, que tú has marcado mi vida para siempre.

viernes, 1 de febrero de 2013

Todo lo que podíamos llegar a ser, se nos perdió por el camino

Ni me perdiste, ni has sabido olvidarme
Te miras en el espejo, y te apartas el pelo de la cara. Ya no hay nadie que lo haga por ti, nadie te aparta el pelo cuando quiere verte mejor, o cuando éste te tapa la cara, nadie lo hará de la misma manera nunca. Bajas la mirada, te muerdes el labio inferior. Con dolor, con rabia, casi como para hacerte daño. Pero no eres capaz, te debilitas, empiezas a temblar. Te empieza a caer una lágrima, llena de palabras y de todo lo que te guardas dentro. Te sientas en el suelo de tu habitación, y escondes la cara entre las rodillas. Lloras, gritas. No sabes qué hacer, cómo seguir. Si vas a ser capaz de levantar la cabeza algún día, sin nada que pueda hacerte llorar. Ya nada volverá a ser como antes, nunca besas dos veces a alguien de la misma manera, ni sonríes igual cuando le miras como la primera vez. La verdad, nunca nada vuelve a ser lo mismo una vez que deja de ser lo que era. Es inútil esforzarse en que todo vuelva a ser lo mismo porque no lo será nunca más, sólo te queda el recuerdo, es lo único que te queda. No tienes fotos, ni regalos, ni un lugar por el que puedas volver a pasar. Pero las fotos no te hacen falta, las arrugarías, harías una bola con ellas e intentarías quemarlas, deshacerte de ellas, dolería verlas porque te haría recordar demasiado. Los regalos sólo te traerían 'buenos' recuerdos, aunque al recordarlos te sintieras una verdadera mierda. Y los lugares... te servirían para querer y a la vez no, pasar por allí, porque cuando pasaras no podrías evitar enamorarte una y otra vez de todos los momentos que vivisteis. No te sientes con fuerzas de seguir adelante, o de buscar a otra persona. Él era la persona que llenaba el hueco incompleto en ti, todo era perfecto. No ves motivos para buscar a otro que lo llene, lo ves imposible. Suena vuestra canción de repente. Empiezas a recordar desde el principio. Un abrazo inesperado y sonrisas cómplices. Y pasaban los días, y cada vez era mejor pero no imaginabas hasta qué punto podría llegar aquello. "No te ilusiones, siempre te pasa lo mismo....". Y una noche en la que todo salió bien, su nariz, como siempre por tu cuello, cerrabas los ojos, deseabas que nunca terminara. Una mañana, el último día, tenías miedo... pero te coge, te abraza y os tirasteis a la hierba. Estuvisteis tan cerca de llegar a serlo todo... que no comprendes cómo pudo romperse en tan poco tiempo. Se acaba la canción y sientes impotencia, ganas de acabar con todo, o con lo, mejor dicho, poco que queda. Piensas en él. En las millones de cosas que llegasteis a sentir, que pudisteis deciros. Que la manera en la que os mirabais no tenía desperdicio y que ninguno de los dos podrá volver a sentir lo mismo por ninguna otra persona, que todas las sonrisas eran verdaderas y ahora lo único que os queda es el verano que pasasteis. Piensas en que todo fue demasiado frágil y demasiado grande, pero que era vuestro. Pero es tarde. Ya es tarde. Porque el no está. Ya no está. Y a veces, querrías desaparecer tan fácil como desapareció lo vuestro. Querrías esfumarte, irte, perderte, dejar de estar. Volver con algo más claro, y con un recuerdo ya olvidado que casi ni hace daño. Te das cuenta, de que todo lo anterior es mejor que cualquier cosa que vives ahora, que antes, aunque no fuera todo perfecto, eras más feliz. Pero...como suele pasar, te diste cuenta tarde de que por un momento, habías llegado a ser feliz. Sigues en el suelo de tu habitación, te tapas la cara con las manos, pero éstas no te dan para secarte todas las lágrimas, hay demasiadas. Te dan ganas de gritar, de deshacer el nudo que se te ha hecho en el pecho, romper ese silencio que casi hace daño... Y aun así, tienes que parar la música para no llorar más, secarte la cara y levantarte. Aun así tienes que ponerte guapa y pintarte una sonrisa, porque no quieres explicarle a nadie que has estado llorando, no quieres llorar delante de la gente. Porque un día, te dijeron "Cariño, tienes que aprender a no llorar en público, porque los que te quieren sufrirán, y los que no, se alegrarán..."