martes, 21 de marzo de 2017

21-03-17

Al principio no lo asumes.
"Lo llevo bien".
Y realmente te lo crees.
"No es tan difícil seguir sin él".
Y realmente piensas que no vas a tener pesadillas por las noches.

Luego ya, cuando ya ha pasado una semana, y han pasado dos, y ves que no está y que te acuerdas a cada momento de cuando sí... Cuando bajas a la tierra y te das la hostia, vienen los recuerdos dispuestos a hacer herida, las palabras a cuchillo, los besos que ya no a robarte la respiración.


No está. Que no está. Que no está.
Y que ahora tampoco. Ni mañana.

Ni dentro de un mes. ¿Y sabes qué?
No va a volver a estar. Nunca. Más.

Cuesta asumirlo, hacerse a la idea. Quizá sea porque no quiero, porque no puedo ni quiero poder imaginarme una vida sin él. No quiero aceptar que ya no quiere verme en su futuro, que ya no me imagina, que ya no entro en sus planes, porque parece que nunca haya llegado a irse.
Por las noches, cuando apago la luz, me tapo con las sábanas hasta los ojos y me abrazo al oso que desde que se fue, duerme siempre conmigo, lo sigo imaginando aquí. El resto de las horas del día hago lo mismo. Lo imagino pensando en mí antes de salir, o al meterse en la ducha. Lo imagino con ganas de verme, de hablar conmigo, como si nada hubiera cambiado. El problema llega cuando el día se oscurece y me veo sola, derrotada y sin él, en la cama que un día ocupó conmigo. Y el mundo se me cae encima y todo se viene abajo y en ese momento no sé qué me duele más, si no haber sido suficiente, no haber sido capaz de hacer que se quedara, o seguir queriéndolo a mi lado a pesar de todo el daño...

Mientras a las dos de la mañana él duerme, yo lo sigo imaginando dormir. A él se le acabaron las ganas y a mí ya no me quedan fuerzas, cada día que pasa duelen más las heridas... Y hoy duelen aún más.

Qué voy a decirles a unos ojos que ya no me miran (porque se asustarían).

miércoles, 8 de marzo de 2017

Les contaré de ti y de cómo hay cosas que debemos dejar ir

Nada de esto debería haber terminado así. Nada de esto debería haber terminado.
Nada... Nunca...
Pero para, para. No importa. En realidad no importa. No hay mejor manera de darse cuenta que dándose de morros con la realidad. En realidad, no importa. Estoy tranquila, sé que te di todo de mí, sé que esta vez sí, sé que te he dado lo mejor que tenía y hasta lo que no me pedías... Pero cómo voy a saciar así a alguien que no sabe lo que quiere, ni si me quiere. No habría conseguido que te quedaras conmigo ni moviendo montañas ni pintándote el cielo en un suspiro, porque eres incapaz de ver que me he dejado la piel en tu nombre, que como tonta enamorada, he puesto la otra mejilla, pensando que esta vez el golpe no me lo darías tú.
Pero, de verdad, no importa. Volveré a dar todo de mí en algún momento y alguien sabrá verlo, volveré a ser feliz al margen de todo lo que planeamos, de todo lo que nos prometimos, de lo feliz que dijiste que me harías. Volveré a ser, a secas, porque te superé una vez y te he superado dos, puedo hacerlo una tercera.
Y te aseguro, que esta va la vencida.
Porque me has destrozado. Me he entregado por completo y tú te lo has llevado todo, lo has exprimido bien y después, me has tirado a la basura. Y lo peor es que me he sentado a mirar cómo ibas rompiéndome poco a poco, diciéndome a mí misma que cada golpe no importaba, tratando de pensar que me querías, porque yo te quería y aún te quiero, y pesaban más las ganas de creer que esta vez iba a salir bien, las ganas de creer que había algo de verdad en todo eso que escupías.
A veces no hace falta que haya camino de vuelta.Volver para qué. Reconstruirme y curar las heridas para romperme en pedazos más pequeños. ¿Crees que no duele? ¿Crees que no dejas marca? ¿Crees que has sido una simple pieza más? Bah. El camino de salida, por favor. Quiero seguir con mi vida.

Yo no te debo nada, es que nada me queda por darte ya. Al menos piensa de vez en cuando en mí, no intentes borrarme. Es un consejo. No destroces el resto de tus historias como has jodido la nuestra, ya no sé si alguna vez fuiste aquel que me dijo que nunca nunca me dejaría caer...

No te guardo rencor. Has sido la hostia que me ha hecho aprender a no volver a darme una, contigo.

Gracias por la herida - pero deja de tocarla -