jueves, 14 de diciembre de 2017

No es una pérdida, es un paréntesis.
Una escala a mitad de viaje, un replantearse las cosas.
Es un grito desesperado que necesita hacerse oír,
salir y romper esas barreras.
No es tirar la toalla, es echarla a lavar.
Es darle al cuerpo lo que el cuerpo necesita.
Es romperse, agrietarse, destrozarse,
pero solo para coger aire.
Respirar. Sentarme y respirar.
Recomponerme tras haberme dejado caer.
Reconstruirme, haber soltado esa soga.

No es haberme dado por vencida, para nada.
Es haberme dado cuenta de lo importante y lo primero: yo.
Es haber decidido dedicarme a mí, cuidarme, volver.
Lo he decidido: voy a darme una oportunidad.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Escucha: ya no me quedan palabras

Cerré los ojos y los apreté bien fuerte. Todo ha terminado, ya está, todo ha terminado. Fue tan duro como aceptar que tienes que abandonar el sitio donde creciste y creíste quedarte a vivir, tan duro como saber (o eso creías) que perteneces a un lugar y tener que huir de él porque, ¡sorpresa! éste ha sido ocupado por alguien más. Eras tú. Mi casa, mi hogar, mi sitio.

Pero ya... no. Abrí los ojos y vi que te habías convertido en esa tormenta de la que siempre creí que me protegías. Tampoco pasa nada. Uno a veces no lo elige, uno a veces no sabe hasta qué punto ha llegado a clavarse en una piel.

Fuiste lo mejor de mí, supongo que ese que conocí aún lo es. He crecido contigo. He imaginado un futuro donde siempre has estado tú, siempre. Me he dejado la voz intentando hacerte entender que no había explicación posible para todo lo que te he llegado a querer - y aún te quiero.

Puedo jurarte que nada nunca me ha dolido más. Tener que alejarme, tener que alejarnos. Tener que poner tierra de por medio y darnos por finalizados. Duele, claro que sí. Duele porque hubo un momento en que llegamos a sentir tanto que prometimos no llegar a esto jamás. Duele porque hubo un tiempo en que te miraba a los ojos y sin apenas palabras, sabía que todo lo que decías era sincero. Duele porque ambos sabemos que, al final del día, no habremos encontrado a nadie igual.
Quizá mejor, quizá distinto. Nunca alguien capaz de llenar ese vacío.
Ahora te miro y a veces, aún puedo verte. Aún puedo escuchar todo ese amor que tienes olvidado en un rincón, tratando de convencerme para que me quede un poco más. Pero tus palabras ya no lo acompañan, tus actos ya no le quieren escuchar. Está bien. No pasa nada. De verdad. Solo duele en cada parte de mi cuerpo de la que te hiciste dueño alguna vez. Solo duele todas las veces en las que juramos ser toda la vida.

Pero lo entiendo, de verdad. El tiempo sigue pasando, las cosas siguen cambiando, no sé. Quizá soy yo, que de tan real que nos consideré, me he agarrado a un clavo ardiendo. Quizá soy yo, que incluso cuando hacía tiempo que tú te habías ido, me empeñé en inventar 50 maneras distintas para quedarme, y otras tantas para convencerme de que aún seguías aquí.


Escucha: me voy.
Me voy porque tú ya no sabes ni quieres volver. Me voy porque ya no saben cómo decirme que estoy viviendo en ruinas. Me voy, y jamás podrás imaginar ni una cuarta parte de lo que me rompe tomar un camino en el que ya no me acompañes.

Pero en serio, me voy. No porque quiera. No porque deba. No porque ya no te crea, ni sepa quién eres ni dónde te has metido.
Me voy porque ya no sé cómo cojones hacer para quedarme.






A ver si va a ser verdad eso de que nada es para siempre...

lunes, 30 de octubre de 2017

Quise llamarte amor y se me quejó el corazón

Llama y dice que te quiere,
que lo siente,
que se arrepiente,
que tiene ganas de verte.

No te dice lo bien que se lo pasó el sábado noche,
ni lo poco que se acordó de ti en su cama,
ni cuando se despertó por la mañana,
por eso que dice que está cansado de reproches.
Te llama pero no te cuenta que le preguntaron por ti,
que se rió y dijo que "ya no importabas",
que estando tan lejos apenas molestabas,
que mejor que "te quedaras por allí".

Llama y te llora,
lo intenta de mil formas,
hasta que se calla y ve
que suspiras al otro lado
pero que sigues ahí,
entera...
que no reaccionas
que no consigue atravesar tu piel
que te has construido un muro antipersonas
 -como él-

Entonces llegan los "recursos de emergencia":
las excusas, los reproches, la mierda del cajón
los "tú también me hiciste daño",
las balas directas al corazón,
los "tú habrías hecho lo mismo en mi situación"
los "sabes que esto se olvida con los años...
Tú no tienes corazón... 
si tanto me quisieras lucharías,
apostarías por la relación,
no te rendirías."

El primer golpe es inesperado:
"si en el fondo eres una guarra"
Te pilla de sorpresa y notas
cómo se resquebraja la coraza,
cómo se te agrieta el iceberg.
"Eres una inútil.
Nadie te va a querer como yo.
Mírate."

Pones la otra mejilla,
recibes cada hostia como si nada.
Respiras
digieres cada palabra como si importara.
Lloras
y lloras.

Mierda, acaba de romper el puto iceberg.
Ya no hay muro
no hay coraza
no hay nada que te salve de él.

Te llama y te dice que te quiere
pero no te dice para qué. 
Ya ni siquiera importa
esta noche vuelves a dormir con él. 


Al día siguiente,
ya por la mañana
recordarás por qué construiste ese muro,
te pusiste una coraza
y te convertiste en iceberg,
cuando te des cuenta de que en su cama
huele más a engaños y a olvido
que a felicidad.

11.09.17

Ahora sí que puedo decirte con toda certeza que te quiero, que te quiero, que te quiero, y que lo repito por si al dejar de pronunciarlo se rompe, por si lo olvidas, por si no soy lo bastante clara... te digo que te quiero porque no se qué otra manera hay de expresar todo esto que siento, porque apenas me cabe en el pecho, porque te veo a mi lado y quiero llorar, porque te escucho reír y quiero dormirme oyendo tu risa, porque me abrazas y quiero quedarme ahí a vivir, protegida entre tus brazos, convertirte en mi hogar... Míranos, ¿acaso no hemos superado lo que parecía insuperable? A pesar de ese amor odio, a pesar de las malas rachas, del tiempo perdido, de los problemas, del miedo y del rencor... Nunca nos han faltado las ganas de volver a intentarlo, la esperanza escondida en el rincón de siempre, gritándonos "¿y si esta vez sí..?". No te cambiaría, de verdad, no te cambiaría ni por todo el oro del mundo, no te cambiaría ni aunque me aseguraran tranquilidad y buena vida, no te cambiaría porque no hay nada comparable a lo que tú me das, a lo que somos, a lo que creamos, no hay nada como el huracán de sentimientos que me provocas, no hay nada como tus besos de reconciliación, no hay nada como tú, nada como yo cuando estoy contigo, nada que se nos asemeje, ya sabes... Lo nuestro es demasiado nuestro, por mucho que lo intentaran jamás serían capaces de entender una mínima parte de nuestro laberinto... Merece la pena y siempre la mereció, valdrá la pena todo lo pasado, porque, lo dicho, después de la tormenta llega la calma, y tú siempre fuiste ambos... Tormenta que destroza y calma que arregla y pega cada trocito.

martes, 24 de octubre de 2017

2,8 sec.

Nunca he sabido cuánto tarda un corazón en romperse,
ni cómo cruje ni se queja a cada latido,
cuando trata de respirar por los resquicios,
y solo sangra
y sangra
y alimenta a aquel lobo hambriento
que, por un momento,
dijo amar ese órgano que ahora
mira descomponerse.

Me rompió,
y nunca nada le gustó más
que obligarme a recoger cada trocito.
Me curó
y me volvió a destrozar,
solo porque adoraba ese sonido,
el de los cristales chocar,
perderse en una habitación,
invadir cada rincón.
Me dijo
"lo hice por ti,
antes eras frágil.
ahora no te harán daño
ya no te olvidarán,
unos pies descalzos
jamás olvidan el cristal
que los hizo sangrar."

lunes, 16 de octubre de 2017

Las cosas maravillosas pasan más allá...

¿Qué harías si no tuvieras miedo?


La eterna pregunta. Que qué haría. 
Sacaría de mi vida a todo aquel que demostró no ser más que un lastre, un obstáculo, un cuchillo dispuesto a hacer herida en los lugares más débiles. Dejaría de soportar ese peso, los desprecios, el control de quien creyó que tenía algo que hacer o decir en mi vida. Lo intentaría. Me atrevería a conocer, a aprender más allá de lo común, buscaría la respuestas más sinceras a aquellas preguntas que nunca fui capaz de hacer. Rompería con lo establecido, con lo que siempre debí pero nunca quise hacer. 
Si no tuviera miedo... No lo sé. Realmente no lo sé. No lo sé, porque apenas me di cuenta de la cantidad de miedos que tenía guardados en tan poquito espacio hasta que un día me preguntaron por ellos, y pensé. Pensé en la de cosas que, inconscientemente, había dejado de hacer "por miedo a...". Pensé en todo lo que habría podido conseguir si en esas ocasiones el miedo no me hubiera acribillado la mente. Pensé que, desde bien pequeña, me quedé más de una vez con la duda por no preguntar, por miedo al ridículo, me acordé de las veces en las que me conformé, en las que perdí oportunidades y mucho más, recordé a las personas que perdí por miedo al rechazo, por miedo a lo desconocido, por miedo a no ser suficiente. Todo esto se me pasó por delante en un instante, como las imágenes de una película a cámara rápida, con sensaciones, pensamientos y recuerdos incluidos. Me arrepentí al segundo. No quise ser una marioneta dirigida y limitada por miedos que era incapaz de controlar. Durante tanto tiempo había vivido creyendo que era libre... Nada más lejos de la realidad. Por encima de todo estaban el miedo, las inseguridades, los errores pasados y las espinas aún clavadas en el pecho... No creo que pudiera destruir ni hacer desaparecer por completo ninguna de esas cosas, pero supongo que si podría superarlas, imagino que, a fin de cuentas, de eso trata todo esto, de crecer, de avanzar, de aprender. De convertirse en quien se quiere ser. 


Ojalá algún día pueda decir que todo aquello que dije que haría si no tuviera miedo, lo he hecho, aun con un poquito del miedo que conservo. 

lunes, 21 de agosto de 2017

3.44

Supongo que todo ha acabado, que hasta aquí llega lo que siempre consideré nuestro, que no damos más de sí. Creo que todo ha terminado, y aunque lo haya hecho de una manera totalmente distinta a como me habría gustado, es hora de aceptarlo. No me vas a oír decir que me arrepiento de haber ido directa contra el muro, ni de haberlo intentado tantas veces sabiendo que probablemente volvería a salir mal. No me vas a ver arrepentida por haber vuelto siempre a ti porque es lo que siempre quise, porque eras el veneno que conseguía combatir el dolor... Y espero que tú tampoco te arrepientas de haber tratado de arreglar todo esto en tantas ocasiones, porque me mentiría si dijera que me equivoqué, porque me engañaría si pensara que no debí confiar en ti, porque hubo un tiempo en que lo mejor de mis días se resumía en ti. Nunca quise quedarme con la duda, siempre quise ir un poco más allá, volver a probar, desafiar nuestros propios límites, tirar, y tirar, y tirar, para ver hasta dónde éramos capaces de llegar... Hasta que nos rompimos. No habría elegido otra manera, sé que de no haber sido así, no me habría dado por vencida.
Ahora, simplemente duele... Duele el hecho de haber convertido lo que fuimos en excusas, viejos reproches y rencor, no haber sabido parar a tiempo, cuando éramos conscientes de que íbamos cuesta abajo y sin frenos y lo único que nos importaba era la adrenalina del momento, compartirlo, disfrutarlo. Porque así éramos y así seguimos siendo, impulsivos, pasionales, repentinos. Tampoco lo cambiaría. Todo lo que queríamos era el nosotros y el ahora, no nos importaba el después, ni la gente, ni las consecuencias, ni los posibles problemas futuros. Y por eso te quiero y por eso te quise siempre, porque nos queríamos tan fuerte, tan intensamente, que cada vez que volvíamos parecía que habían pasado cinco años de sequía y que éramos agua...

¿Qué más quieres de mí?

No te guardo rencor, solo pienso que fuiste un cobarde.

En el momento en que las cosas se torcieron, tú decidiste renunciar. Así lo llamabas tú. Yo lo llamaría huir. Te inventaste un par de excusas, fingiste aquella mirada de dolor y soltaste alguna que otra lágrima. Después, cogiste tus cosas y te fuiste. Fue así de fácil, así de rápido. No esperaste una respuesta, ni te tomaste dos días de reflexión. No te paraste a pensar, y mucho menos a recordar nada de lo que en su día y hasta hacía bien poco nos unió. Sí, claro, lo entiendo, dolería demasiado, ¿verdad? Sería más duro mirarme a los ojos y actuar sabiendo que ellos te pedían a gritos que no te fueras. Pero nunca fui de suplicar. Me dejaste ahí tirada, con cien mil preguntas que hacerte, con los billetes de avión a Punta Cana en el bolsillo de atrás y las lágrimas al borde del abismo, a punto de desbordarse. Lo último que dijiste fue "espérame". Y te piraste.
Te esperé durante cuatro horas en el mismo puto banco donde me dejaste. Más tarde comprendí que quizá no te referías a eso, pero tampoco me importó.
Aquella noche no te eché de menos, y tampoco las cinco siguientes. Simplemente yo, te seguía esperando. Pensaba que algún día llamarían al timbre, respondería con voz de dormida y me despertaría de golpe al saber que eras tú, disculpándote por haber tardado demasiado. Me pasaba los días recordando y repasando mi vida a tu lado, visualizando nuestro principio, analizando el final, simplemente para entender cuál fue el motivo, dónde estuvo mi error, qué hice mal. Nunca sirvió de nada.
Un día llamaron al timbre y contesté con voz de dormida. No eras tú. Intenté conciliar el sueño de nuevo, pero era imposible apartar tu imagen de mi cabeza. Te imaginaba dormido a mi lado, te imaginaba enfadado, te imaginaba desayunando, te imaginaba llegando a casa... Y me cansé de imaginar. Me cansé de esperar, como bien hace todo el mundo. Si al menos durante aquellos meses hubiese encontrado un solo motivo para seguir para ti de por vida, me habría agarrado a él. Pero comprendí que las cosas no iban así, que no quería condenarme. Comprendí que la vida no se trata de esperar a que alguien vuelva, no se trata de esperar a que alguien nuevo llegue, no se trata de esperar, a secas. Pedirme que te esperara fue lo peor que pudiste hacer, porque te esperé. Y mientras yo pasaba los meses pensando en tu regreso, tú jamás pensaste en volver. La verdad, no me arrepiento de haberte esperado, realmente creía que volverías algún día. Pero tampoco me arrepiento de haber dejado de hacerlo. Te quería pero volví a quererme a mí por fin, y decidí dejar todo aquello atrás.

A día de hoy, si sonara el timbre y me despertara de golpe al saber que eres tú, te seguiría abriendo la puerta. Te invitaría a un café, te diría lo mucho que has crecido y te pediría que nunca nunca, volvieras a pedirle a nadie lo que me pediste a mí. Esperar siempre duele, y a veces, uno llega - o vuelve - demasiado tarde donde siempre quiso estar. Y no es culpa de nadie.

Ojalá ese no sea tu caso.

lunes, 24 de julio de 2017

Pensaba que lo nuestro no podía terminar, creía en serio que era real, que era fuerte. Llegué a imaginar un futuro contigo, una vida. Ahora me miro y me veo sola, derrotada, débil. Me miro y no te veo a ti. Solo veo a una niña triste que no sabe qué hacer con su vida. Solo veo a una niña perdida y sin rumbo, sin apoyo, sin sueños, sin ti, sin nada. Realmente pensaba que, aunque fuera difícil, tú también tenías las ganas, el cariño y el amor que hacían que lucháramos por esto... Sé que soy difícil, lo se. Sé que tengo miedo, inseguridades, que soy una loca paranoica y que a veces es complicado llevarme. Pero durante este tiempo lo habíamos conseguido, durante este tiempo lo habías hecho y a mí, no me había hecho falta pedirte que te quedaras. Supongo que todo se ha acabado, que tus ganas no eran tantas como las mías y que no me querías tanto como solías decir. Ya no queda nada. Ya no sé ni quien soy.
Lo decía de verdad cuando juraba que nunca nunca iba a dejar de luchar por lo nuestro, iba en serio cuando decía que te queria más que a nada. Ahora creo que ninguna de tus palabras fue sincera... O al menos, ninguna era lo suficientemente fuerte.

martes, 4 de julio de 2017

Tras la tormenta... Siempre tú

"I just want to cry because I
never loved someone as
much as I love you and I’m sure
as hell that I’ll never love
anyone that much again but
oh god I fucked it up and now
you replaced me and I feel 
like I can’t fucking breathe
anymore."

"Es difícil de explicar... El estómago se te cierra y parece haber encogido de un momento a otro, ahora solo entiende de retortijones. El corazón ya no sabe latir a menos de 100 por hora, el aire ha decidido que hoy tampoco quiere morir en tus pulmones, los recuerdos quieren convertirse en pesadillas, una noche más. Sin quererlo te ves absorta en una vida que no es la tuya. Quién es esa loca que mira el móvil cada segundo por si ve un mensaje suyo, algo que calme esa ansiedad. Quién esa paranoica que lo imagina escupiéndole al pasado en común. Quién es esa histérica que olvida respirar si lo ve cinco calles más allá. "¿Quién te ha hecho eso?" Tú, joder, me lo has hecho tú. Me has hecho perder la puta cabeza. Me has hecho olvidar quién soy. Me has hecho no querer tener lo que merezco. Me has vuelto apática a todo aquello que no lleve tu nombre. Me has vuelto adicta, obsesa. insegura. Ya no sé qué hostias soy sin ti, ya no sé si soy algo siquiera. Me has hecho construir un universo donde fueras tú el sol, me has hecho olvidar el resto y renunciar, siempre renunciar. Limpiar todo el desastre, no dejar huellas, tapar toda la sangre, esconder todo tipo de lágrima, llanto o lamento.  [...]
Dicen que en una relación siempre hay alguien que siente más. Ojalá no fuera así, ojalá uno de los dos no tuviera que dar más de sí para mantenerlo todo a salvo.
En cualquiera de los casos, siempre deseé no ser yo, deseé no ser esa que se deja la piel a cambio de un poquito de amor, deseé no guardar cada puñetazo al estómago en un rincón y perdonar demasiado...
Ahora me miro y soy aquello que nunca quise ser. Soy débil, soy frágil, soy vulnerable. Me pierdo en mí misma con tal de no perderle a él, pierdo la cabeza, los nervios, incluso a veces el tiempo, da igual, pero nunca sus manos...
¿Estoy bien? ¿Soy yo? ¿Soy yo esa que llora en la esquina de la cama? ¿Soy yo esa niñata insegura?
No, no, no... No soy yo, joder. ¿Qué coño has hecho conmigo? ¿Dónde ha quedado mi cordura, mi estabilidad? ¿Dónde hostias me he metido?
Creí que te debía una vida entera y te la di. La mía. Sin intereses, sin fianza, sin reglas ni condiciones.
Y me senté a mirar qué era lo que se te ocurría hacer con ella cada mañana.   [...]

A veces es verdad y logramos comprobarlo, después de la tormenta llega la calma... Y, joder, qué calma más bonita. Me gusta poder decir que eres tú, poder contar que eres esa calma, mi calma.
Estuve a punto de irme. Estuve a punto de hacerlo de verdad. No veía salida, no encontraba fuerzas, ni ganas, ni valor, llegué a perderme por completo, a no reconocer a esa que me miraba desde el otro lado del espejo como si me hubiese vuelto loca.
Perdí totalmente la cabeza. Jamás lo entenderéis... No era llorar de autocompasión ni desear que volviera a estar a mi lado, que también. No era sentimiento de culpa, ni eran dolores de cabeza a causa de los remordimientos, que probablemente también tuvieran su lugar. No fueron las noches sin dormir, las miradas de "pobrecita" que lanzaba la gente al verme pasar, la decepción ni la soledad, tampoco los recuerdos, por mucho que todo eso me rasgara la piel y quisiera ser alcohol para acentuar ese dolor. Fue el rompecabezas en el que se convirtió mi vida, la tuya. La manera en la que hice tuyo todo lo mio. Me entregué por completo y decidí - o quizá nunca llegué a tomar esa decisión, puede que fuera algo inconsciente, pero me gusta creer que al menos tuve el control de mi vida por unos instantes - darle todo el poder al corazón. Me sumergí en una montaña rusa en la que salir impune era misión imposible, y nunca fue lo mio ser excepción. Aun y todo, el problema no fue ese. El problema empezó en el momento en que me di cuenta de que aguantaría siempre otro golpe si eras tú el que lo daba, cuando vi que estaría dispuesta a poner la otra mejilla con tal de tenerte a mi lado, que siempre volvería, incluso sabiendo que volverías a irte, que volverías a destrozarme... Y eso no podía ser así. Aquel fue el verdadero problema, y fue entonces cuando comprendí que algo en mí no iba bien, que esa que lloraba sentada en una esquina de la ducha no era yo, que aquella que gritaba y sufría ansiedad no era la misma que conociste, que no sabía quién coño era esa que se mordía las uñas, tiraba cosas, daba portazos y después se dejaba caer. Yo no era ninguna de esas.
Me asusté... Sentí que me perdía, que desaparecía. Me sentí mierda por dejarme hacer eso. Me vi débil, vulnerable, dependiente. Me encontré loca. Quizá por ti, pero loca, a fin de cuentas.
Decidí que tenía que terminar -y eso sí que fue decisión mía - y con suerte, decidiste quedarte conmigo a limpiar todo el desastre. Conseguimos sanear la relación, quitarnos los excesos, la obsesión, el control. Me diste la confianza que necesitaba, la seguridad, el cariño. Y poco a poco, nos hemos quitado los miedos, esos que desgastaban y pudrían lo nuestro.
Aún quedan secuelas, es verdad. A veces, todavía siento miedo, todavía me cuesta respirar. En ocasiones siento que todo se desvanece y desaparece, que todo se vuelve oscuro de nuevo, y me veo en un túnel sin salida... Pero me has enseñado a quererme, y eso es lo mejor que una persona puede hacer por ti... Recordarte lo que vales y lo que mereces. Me has hecho entender que a día de hoy hemos aprendido muchas cosas juntos y que todo va aún mejor, porque eso es lo más bonito, lo más sano, lo más verdadero... Que pudiendo estar el uno sin el otro, sigamos eligiéndonos todos los días."


martes, 21 de marzo de 2017

21-03-17

Al principio no lo asumes.
"Lo llevo bien".
Y realmente te lo crees.
"No es tan difícil seguir sin él".
Y realmente piensas que no vas a tener pesadillas por las noches.

Luego ya, cuando ya ha pasado una semana, y han pasado dos, y ves que no está y que te acuerdas a cada momento de cuando sí... Cuando bajas a la tierra y te das la hostia, vienen los recuerdos dispuestos a hacer herida, las palabras a cuchillo, los besos que ya no a robarte la respiración.


No está. Que no está. Que no está.
Y que ahora tampoco. Ni mañana.

Ni dentro de un mes. ¿Y sabes qué?
No va a volver a estar. Nunca. Más.

Cuesta asumirlo, hacerse a la idea. Quizá sea porque no quiero, porque no puedo ni quiero poder imaginarme una vida sin él. No quiero aceptar que ya no quiere verme en su futuro, que ya no me imagina, que ya no entro en sus planes, porque parece que nunca haya llegado a irse.
Por las noches, cuando apago la luz, me tapo con las sábanas hasta los ojos y me abrazo al oso que desde que se fue, duerme siempre conmigo, lo sigo imaginando aquí. El resto de las horas del día hago lo mismo. Lo imagino pensando en mí antes de salir, o al meterse en la ducha. Lo imagino con ganas de verme, de hablar conmigo, como si nada hubiera cambiado. El problema llega cuando el día se oscurece y me veo sola, derrotada y sin él, en la cama que un día ocupó conmigo. Y el mundo se me cae encima y todo se viene abajo y en ese momento no sé qué me duele más, si no haber sido suficiente, no haber sido capaz de hacer que se quedara, o seguir queriéndolo a mi lado a pesar de todo el daño...

Mientras a las dos de la mañana él duerme, yo lo sigo imaginando dormir. A él se le acabaron las ganas y a mí ya no me quedan fuerzas, cada día que pasa duelen más las heridas... Y hoy duelen aún más.

Qué voy a decirles a unos ojos que ya no me miran (porque se asustarían).

miércoles, 8 de marzo de 2017

Les contaré de ti y de cómo hay cosas que debemos dejar ir

Nada de esto debería haber terminado así. Nada de esto debería haber terminado.
Nada... Nunca...
Pero para, para. No importa. En realidad no importa. No hay mejor manera de darse cuenta que dándose de morros con la realidad. En realidad, no importa. Estoy tranquila, sé que te di todo de mí, sé que esta vez sí, sé que te he dado lo mejor que tenía y hasta lo que no me pedías... Pero cómo voy a saciar así a alguien que no sabe lo que quiere, ni si me quiere. No habría conseguido que te quedaras conmigo ni moviendo montañas ni pintándote el cielo en un suspiro, porque eres incapaz de ver que me he dejado la piel en tu nombre, que como tonta enamorada, he puesto la otra mejilla, pensando que esta vez el golpe no me lo darías tú.
Pero, de verdad, no importa. Volveré a dar todo de mí en algún momento y alguien sabrá verlo, volveré a ser feliz al margen de todo lo que planeamos, de todo lo que nos prometimos, de lo feliz que dijiste que me harías. Volveré a ser, a secas, porque te superé una vez y te he superado dos, puedo hacerlo una tercera.
Y te aseguro, que esta va la vencida.
Porque me has destrozado. Me he entregado por completo y tú te lo has llevado todo, lo has exprimido bien y después, me has tirado a la basura. Y lo peor es que me he sentado a mirar cómo ibas rompiéndome poco a poco, diciéndome a mí misma que cada golpe no importaba, tratando de pensar que me querías, porque yo te quería y aún te quiero, y pesaban más las ganas de creer que esta vez iba a salir bien, las ganas de creer que había algo de verdad en todo eso que escupías.
A veces no hace falta que haya camino de vuelta.Volver para qué. Reconstruirme y curar las heridas para romperme en pedazos más pequeños. ¿Crees que no duele? ¿Crees que no dejas marca? ¿Crees que has sido una simple pieza más? Bah. El camino de salida, por favor. Quiero seguir con mi vida.

Yo no te debo nada, es que nada me queda por darte ya. Al menos piensa de vez en cuando en mí, no intentes borrarme. Es un consejo. No destroces el resto de tus historias como has jodido la nuestra, ya no sé si alguna vez fuiste aquel que me dijo que nunca nunca me dejaría caer...

No te guardo rencor. Has sido la hostia que me ha hecho aprender a no volver a darme una, contigo.

Gracias por la herida - pero deja de tocarla -

miércoles, 15 de febrero de 2017

"No te arrepientas de dar todo por alguien, ese alguien te recordará cada vez que le fallen."

Podría escribirle cien páginas sobre cómo sonríe y él seguiría hablando de cómo se folla a otra cada sábado por la noche.
¿En serio? Yo solo venía a arreglarte la vida. ¿Que te la he empeorado? Vaya, lo siento, habré traído demasiado corazón y muy poca cabeza...
Solía creer que el amor lo puede todo. Solía pensar que el amor te hace luchar contra viento y marea, que te da la fuerza para superar la montaña más alta y cruzar a nado el océano más inmenso. Creía que el amor te hace perdonar lo imperdonable, que hace que olvides el dolor más profundo, por el simple hecho de querer lo bueno de vuelta. Me he demostrado que sí, que tenía razón, pero me he desencantado al ver que lo nuestro no era amor... Me he hecho añicos al ver que nada es como me habías hecho creer.
No me quieras, si quieres, no me busques, no me llames más. Bórrame... Será fácil, no te preocupes. Se te dan bien estas cosas. Está bien cuando eres tú el que pasa página, no duele ver al otro estancado en el puto prólogo, ¿verdad? A mí aún me escuecen las heridas al pasar cada hoja, pero no me importa, me recuerdan al daño que tú me haces con cada palabra.
Déjalo. No lo entenderías. Tampoco sabría explicártelo. Tampoco sabría hacerte ver que me duele más que a ti haber pasado todo esto. No sabría cómo decirte que nada es lo que ves ahora.
Ya lo entenderás. Algún día por alguna remota razón te acordarás de mí y verás que te quise más y muchísimo mejor de lo que nadie nunca y te aseguro que nunca, va a quererte. Pero es ley de vida, ¿no? Hay que avanzar, hay que seguir construyendo. Puede que tú y yo nos encontrásemos antes de tiempo, demasiado pronto. Ya no hay nada que hacer. No te preocupes por mí, estaré bien, solo que sin ti.


Una última cosa: iba a darlo todo esta vez. Más de lo que nadie jamás podrá darte. Antes lo dudaba. Ahora estoy segura,

domingo, 22 de enero de 2017

Abre, soy yo

Yo solo quería que me viniera a buscar. Era pleno invierno, y hacía frío. Salí de casa sin pensar muy bien a dónde me llevaban mis pies, con ese abrigo de otoño que solía ponerme cuando sabía que me estaba esperando en el portal. No había sido capaz, ni un solo día, de dejarlo en casa. Lo llevaba siempre conmigo, también su recuerdo. También su última frase. "No intentes volver, todo se ha acabado." Y después, su silencio. Y mis palabras, las que nunca llegué a decir, las que se quedaron a vivir en mi garganta, atropelladas. Podridas. Había empezado a llover, pero no me importaba. Era invierno, hacía frío, llevaba mi abrigo de otoño y había empezado a llover, pero me daba igual. Andaba rápido, como si supiera a dónde iba, como si tuviera prisa, como si alguien me esperara. Y como era de esperar, terminé debajo de su casa. Y jarreaba, y hacía frío, y mi abrigo se había empapado. Sinceramente, no tengo ni idea de cómo llegué hasta allí. Pura inercia, supongo. Estaba llorando en su portal, y ya había pasado una hora. Llevaba una hora llorándole en el portal, con el frío calándome los huesos, la lluvia deshaciéndome y el abrigo hecho mierda. Y me seguía sin importar, porque yo quería que me viniera a buscar. 

Tres cuartos de hora más necesité para darme cuenta de que había llegado demasiado lejos. No me iba a venir a buscar. Nunca. Más. Pero yo solo quería que apareciera y me dijera "venga, vámonos" y perdernos lejos, y que me encontrara después, y se quedara cerca. 
Tuve que encontrarme yo, hora y 45 minutos después, llorando en su portal, recordándome lo tonta que me vuelvo a veces... Y me levanté, y me quité el abrigo, y así me deshice de todo el lastre. Allí dejé su recuerdo, también su última frase. Su silencio... y mis palabras. 
Volviendo a casa seguía haciendo frío y llovía con fuerza. Y no tenía abrigo. Y de verdad que en ese momento me daba completamente igual, porque me sentía libre y porque todo se había acabado al fin. 


Porque yo solo quería que me viniera a buscar.
Pero ya no quiero. 

lunes, 16 de enero de 2017

¿A qué esperas?

"how you love yourself is how you teach others to love you"



La música retumba en sus oídos, inunda cada esquina, cada cuerpo. ¿Noche para recordar? Y noche para olvidar, claro que sí. Llega y arrasa con todo. Hace dos horas que salió de casa habiendo decidido que la noche iba a ser suya, que lo haría metida en su vestido favorito y subida en los tacones más altos que había podido encontrar. Nada le para. Hace ya tiempo que no. ¿Quién dijo miedo? ¿Quién dijo dolor? Nunca... Una amiga a cada lado y fuera problemas. ¿Es que hace falta algo más?

A veces cuesta trabajo darse cuenta de que no hay apenas nada que merezca más de dos tardes de domingo en casa pensando que todo es una mierda - y dos tardes malgastadas por un gilipollas que no te quiere ya me parece demasiado-. Soy partidaria de llorar, es liberarse. De lo que no soy partidaria es de estancarse; una cosa es hundirse y coger fuerzas, descargar el lastre, echar la mierda, pararse un momento a mirar y ser, después de mucho tiempo, consciente de que hay personas que nunca han dado nada y cosas por las que no merece la pena perder más de lo que ya se ha perdido... Recuperarse de una hostia requiere tiempo; para asimilar, para respirar, para coger fuerzas. En cambio, otra cosa totalmente distinta es esconderse tras ese motivo, excusarnos en el dolor, dejar todo a un lado por el simple hecho de estar dolidos, derrumbados, destrozados. Es cómodo vivir en el suelo teniendo la seguridad de que no podemos caer más, de que no podemos venirnos más abajo... Pero acomodarse y pasar ahí los días no está justificado. Es puro miedo. Es ausencia de ganas. Y, por tanto, quien no se esfuerza por salir de ahí no puede pretender que la vida le devuelva ese regalo que son las sensaciones, porque ahí, en el subsuelo, no hay sitio para ellas... Le llaman monotonía.
Por eso ella se come el mundo cada vez que sale un sábado por la noche, un domingo por la mañana, un martes al mediodía. Porque aunque a veces - casi siempre - cueste, terminamos por darnos cuenta de la de tonterías que ocupan nuestra cabeza y nos llenan de heridas el corazón, solo porque nosotros mismos lo hemos permitido. Pocas cosas hacen tanto daño si no se les deja... Sí, es verdad, a veces no podemos evitar que alguien nos clave el cuchillo, pero, por lo contrario, es uno mismo quien decide hasta qué punto se le clava, hasta cuándo quiere seguir tocando la herida sin dejarla curar.
No hay más que darse cuenta y hacer algo por cambiarlo. Solo hay que saber hacer "click". El cambio que queremos empieza en uno mismo. Dicho esto, he decidido que nada que no valga la pena se llevará mi tiempo y mucho menos mis ganas, que no voy a darle el corazón a quien no busque más que piel; he aprendido a quererme un poquito más. Nadie - por mucho que esa persona sonría tan bonito que a veces esto se me olvide - va a destrozar todo lo aprendido y superado, nadie que vaya a hacerme llorar se ha ganado el privilegio de que lo haga más de dos días seguidos; nadie que vaya a hacerme llorar realmente me importa.