martes, 24 de octubre de 2017

2,8 sec.

Nunca he sabido cuánto tarda un corazón en romperse,
ni cómo cruje ni se queja a cada latido,
cuando trata de respirar por los resquicios,
y solo sangra
y sangra
y alimenta a aquel lobo hambriento
que, por un momento,
dijo amar ese órgano que ahora
mira descomponerse.

Me rompió,
y nunca nada le gustó más
que obligarme a recoger cada trocito.
Me curó
y me volvió a destrozar,
solo porque adoraba ese sonido,
el de los cristales chocar,
perderse en una habitación,
invadir cada rincón.
Me dijo
"lo hice por ti,
antes eras frágil.
ahora no te harán daño
ya no te olvidarán,
unos pies descalzos
jamás olvidan el cristal
que los hizo sangrar."

No hay comentarios:

Publicar un comentario