Llama y dice que te quiere,
que lo siente,
que se arrepiente,
que tiene ganas de verte.
No te dice lo bien que se lo pasó el sábado noche,
ni lo poco que se acordó de ti en su cama,
ni cuando se despertó por la mañana,
por eso que dice que está cansado de reproches.
Te llama pero no te cuenta que le preguntaron por ti,
que se rió y dijo que "ya no importabas",
que estando tan lejos apenas molestabas,
que mejor que "te quedaras por allí".
Llama y te llora,
lo intenta de mil formas,
hasta que se calla y ve
que suspiras al otro lado
pero que sigues ahí,
entera...
que no reaccionas
que no consigue atravesar tu piel
que te has construido un muro antipersonas
-como él-
Entonces llegan los "recursos de emergencia":
las excusas, los reproches, la mierda del cajón
los "tú también me hiciste daño",
las balas directas al corazón,
los "tú habrías hecho lo mismo en mi situación"
los "sabes que esto se olvida con los años...
Tú no tienes corazón...
si tanto me quisieras lucharías,
apostarías por la relación,
no te rendirías."
El primer golpe es inesperado:
"si en el fondo eres una guarra"
Te pilla de sorpresa y notas
cómo se resquebraja la coraza,
cómo se te agrieta el iceberg.
"Eres una inútil.
Nadie te va a querer como yo.
Mírate."
Pones la otra mejilla,
recibes cada hostia como si nada.
Respiras
digieres cada palabra como si importara.
Lloras
y lloras.
Mierda, acaba de romper el puto iceberg.
Ya no hay muro
no hay coraza
no hay nada que te salve de él.
Te llama y te dice que te quiere
pero no te dice para qué.
Ya ni siquiera importa
esta noche vuelves a dormir con él.
Al día siguiente,
ya por la mañana
recordarás por qué construiste ese muro,
te pusiste una coraza
y te convertiste en iceberg,
cuando te des cuenta de que en su cama
huele más a engaños y a olvido
que a felicidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario