Espero que nunca seas como ese papel olvidado que encuentras al fondo de un baúl, arrugado y medio roto, con palabras que en su momento significaron algo importante.
domingo, 25 de octubre de 2015
Dime un poco menos que me quieres y quiéreme un poco más
Suena típico, pero es verdad. Las cosas llegan cuando menos te lo esperas. Cambian, dan un giro inesperado y te llevan por donde nunca habrías imaginado... Lo digo, es que siempre lo digo, deja que las cosas pasen y déjalas entrar en ti, en tu vida, en tus noches, en tus días. Mientras, sólo disfruta... Disfruta, y ya verás cómo llega alguien dispuesto a compartir contigo esa felicidad improvisada. Hace un par de meses no habría siquiera pensado en la existencia de esta posibilidad, la de verme escribiendo esto, contándole al resto que se puede, que a veces sí que llega, que lo que parecía un agujero negro sólo era un pequeño impulso para arriba, para subir, para poder seguir... Para abrir los ojos. Porque hay veces, en las que sólo hay que abrir los ojos para darte cuenta de lo que te estás perdiendo, para poder ver que hay algo mucho más sencillo esperando a que mires, a que te fijes, que lo que has andado buscando todo este tiempo, vive a tu lado sonriéndote todos los días desde que le dijiste "necesito una sonrisa que provoque la mía". Me miro... Y soy la chica a la que nadie esperaba en el portal, a la que nadie llamaba al día siguiente ni quería más de dos días seguidos; y ahora, ¿sabes? nadie me espera en el portal pero sí que hay alguien esperándome en alguna parte, nadie me llama al día siguiente pero sí que me busca, y no, no hay quien me diga que me quiere, pero sí quien me quiera y con eso, me basta... Porque aunque siga sonando típico, sigue siendo verdad: Las cosas llegan cuando menos te lo esperas.
sábado, 12 de septiembre de 2015
Abre los ojos y no confíes en todos, de diez ovejas nueve son lobos...
No te vi llegar. No había querido hacerme ilusiones, y por una vez en todo este tiempo, había conseguido no hacerlo. Conocía perfectamente la manera en la que nos tratabas a todas, sabía de sobra lo bien que sabías hacerlo... Un par de besos tontos, alguna que otra sonrisa, "venga, no seas tonta..." Sí, claro que te conocía... O quizá no. "¿Sabes? No quiero a otra..." Y me elegiste a mí. Aquella noche me elegiste a mí, en aquel preciso instante, estabas conmigo y no parecía importarte nada más. Tus besos, las caricias. Los abrazos, tus ojos... El juego en el que convertimos el tenernos cada segundo. "Que sí, que sí... que lo sé" constantemente a mi cabeza, pidiéndole a gritos a mi corazón que no se creyera la verdad de tus ojos. Aún se me eriza la piel al recordar la delicadeza con la que pocos habían sabido sujetar mi mano antes de ti. Después, sólo besos. Besos, besos, y besos. Y... bueno, alguna confesión. Probablemente ni siquiera lo recuerdes, pero dijiste que me querías. Que te habías cansado de pasar las noches con mil diferentes y no sentir nada por ninguna, que querías estar con alguien que mereciera la pena y que esa, era yo... "No me hace falta conocer más". No me lo creía. ¿No eras tú el que hablaba de ausencia de sentimientos? Dijiste que no, que habías cambiado, de verdad. Y mientras, besos, y abrazos, y aquella mirada que era incapaz de esquivar, cómo tu sonrisa provocaba la mía... Al final, es tan fácil creerse aquello que estás deseando oír... Me hiciste creer que valía la pena. Me hiciste sentir que las cosas iban a cambiar y que lo mejor estaba aún por llegar a tu lado, confié en ti y me creí cada una de tus palabras, me dejé engañar por tus ojos, y eso sí que dolió, pensaba que ellos no mentían... Por más que lo pienso no consigo entenderlo. No encuentro el sentido a nada de esto. Soy incapaz de entender cómo alguien puede mentir así y no sentir ni una cuarta parte de lo que dice. Ni siquiera te importó cómo me sentí al saber que todo había sido mentira, no te paraste a pensar en cómo noté mi corazón crujir, ni en la de lágrimas que me quedaban por derramar para expulsar, de algún modo, las mentiras que me había tragado.
domingo, 26 de julio de 2015
Serán tus ojos, tus ojos color marrón...
Siempre vamos a encontrarnos con alguien que intente destrozarnos después de jurarnos que le importamos. No... No quiero eso. A mí no me hace falta escuchar todos los días un te quiero que más tarde no vaya a ser demostrado. Me siento tan inútil... ¿Cómo he podido creerme algo así? ¿Que me quería? Sí, pero... ¿Para qué? Por mucho que cueste, hay veces que tenemos que renunciar a personas que querríamos mantener a nuestro lado en cierto modo, por el simple hecho de que lo único que hacen en nuestra vida es destrozarla de esa manera. Hay momentos en los que tenemos que girar la cara y rechazar un beso que nos morimos de ganas de dar, para dentro de un tiempo, seguir teniendo esos brazos protegiéndonos desde otra perspectiva. No quiero intentar alargar algo que no da más de sí, no quiero intentar arreglarlo cuando hace tiempo que se hizo añicos... Solo quiero dejar que se cure, que se recomponga, solo quiero volver a verle reír, conmigo, a mi lado, reírse de mí. Quiero que le de tiempo a echarme de menos y que me coja con más ganas, que me cante esas canciones que no soporto, que me cuente, que me quiera. Que me quiera y que se note, como antes de que estropeáramos todo esto, como antes de haber sobrepasado el límite. A fin de cuentas, más segura que nunca... Renuncio. Renuncio a ti como aquel que tiene derecho a sorprenderme con un beso y llevarme al cielo, para poder conservarte como el chico que me ha hecho reír y creer en mí misma en todo este tiempo. Renuncio porque me respeto y hay cosas que no me voy a permitir, no quiero fallarme... Renuncio porque te quiero, y esta me parece la manera más auténtica de demostrarlo.
sábado, 4 de julio de 2015
Terminal 4
-Supongo que al final se irá...
-¿Cómo que se irá?
-El recuerdo o... lo que sea.
-El recuerdo no se va, deja de doler.
-Entonces... Supongo que se irá el dolor que supone recordarlo.
Verte por la calle aún es un reto para mí. Es tan mágica la fragilidad del momento en el que te cruzas por mi lado, y estaría tan dispuesta a parar el tiempo... Intento sonreír pero ni siquiera alzas la mirada, y mi amago de sonrisa termina por clavarse en el suelo, buscando un refugio para camuflar ese dolor con un poco de indiferencia. Realmente creía que la posibilidad de que todo cambiara y volvieras por donde te fuiste era real. Nunca quise apartar de mi mente la imagen que tengo grabada a fuego en mi corazón y en mi cabeza, de ti, esperando en mi portal... Nunca quise asumir ni aceptar que jamás dejaría de ser un simple recuerdo.Vuelve, pero si esta vez lo haces, hazlo ya, que yo ya no espero más. Si no tienes pensado regresar, te he comprado billetes de avión junto al dolor, que el recuerdo ha decidido quedarse aquí conmigo, esperando a que vengan tiempos mejores...
054
Sentía un vacío en el pecho. ¿Cuánto hacía ya de esas ilusiones? ¿Cuánto había pasado desde la última vez que se formó un huracán dentro de mí y terminó por estallar en mil sonrisas? No me acuerdo ni de cómo era eso de tener unos brazos rodeándote la cintura y corresponderlos. Y saber que no necesitas nada más. Esas ganas desesperadas por llenar mi vacío, por sentir que mi corazón volvía a latir por alguien que no se hubiera llevado el tiempo, por sentirme viva, esas ganas de sentir algo, a secas,pudieron conmigo al fin. Lo intenté, juro que intenté sentir algo más que miedo al ver aquella sonrisa, pero no lo logré. Noté cómo el miedo se apoderaba de mi cuerpo en tan solo un segundo, al darme cuenta de que aquella sonrisa, esta vez, tampoco iba a provocar nada nuevo en mí. Confundí la necesidad de tener a alguien que me revolviera el estómago, con querer estar con alguien que me hiciera olvidar que era eso lo que necesitaba...
sábado, 30 de mayo de 2015
¿No crees que nos lo debemos?
Lo único que quería era verte volver.
Hice las cosas demasiado mal. Quizá por miedo, o quizá fue por
falta de experiencia. Pero aún cierro los ojos y te imagino
esperándome en el portal como solías hacer entonces, diciéndome
“lo siento, nunca es demasiado tarde...” Y quizá es esa imagen
que repito constantemente en mi cabeza la que me mantiene cada día,
y al mismo tiempo, la que va rompiéndome poco a poco, haciendo que
sigas estando presente en cada hoja de mi diario, haciendo que no te
vayas nunca del todo, pero que esa presencia casi imperceptible
duela...
En el fondo, debajo de todo el miedo y
la confusión, sabía desde el momento en el que dije “no quiero
seguir” que te echaría de menos. Pero las ganas de hacerme creer
que realmente no sentía nada por ti eran demasiado fuertes en
aquellos momentos, probablemente lo eran más fuertes que las ganas
de estar contigo que era incapaz de identificar, ya que aún no había
vivido aquello de no tenerte... En realidad, no sé qué se me pasaba
por la cabeza. ¿Cómo pude creer que no te quería si cada vez que
esperabas en mi portal sentía cómo se me salía corazón? ¿Cómo
pude llegar a engañarme tanto, si cada vez que me abrazabas me
temblaban las piernas? Cómo fui tan idiota de pensar que era capaz
de seguir sin ti, si cada vez que me sonreías lo veía todo un poco
menos malo, si todas las veces en las que decías que me querías
sentía que ser feliz era incluso fácil, si fuiste tú quien me hizo
sentir tanto con tan poco, por primera vez... Lo cambiaste todo y lo
hiciste de golpe. De un día para otro provocaste tanto en mí, sin
darme cuenta. Llegaste y desde el preciso instante en que lo hiciste
no quise que te fueras, pero de eso, me di cuenta ya tarde. ¿No
crees que merece la pena darnos una segunda oportunidad? Nos
quisimos, de eso no hay duda. ¿Entonces por qué no intentar ser
felices, juntos? Me equivoqué y me arrepiento, tendría que haber
pensado un poco más, resistir un tiempo, quizá, no confundir
sentimientos y esperar hasta verlo todo nítido... Pero en aquel
momento el vaso se desbordó y no supe hacerlo mejor. ¿Sabes cuál
es la diferencia y el motivo de mis ganas? Que estoy segura de que
esta vez haría las cosas diferentes, que esta vez, estoy más segura
que nunca de que te quiero, y de que lo hago por encima del resto de
las cosas.
viernes, 15 de mayo de 2015
Nos quisimos tanto a ratos...
¿Recuerdas la vez que me dijiste que te encantaba cómo me maquillaba? No fue el color de los ojos en lo que te fijaste, que también, fue la manera en la que me los pintaba... Nadie había prestado antes tanta atención en mí, en mi forma de sonreír y en cómo me sonrojaba. Supe que eras especial cuando te enfadabas conmigo cada tres días, pero no lograbas aguantar más de tres horas sin volver... Lo supe porque discutir contigo a veces no estaba tan mal. Recuerdo, que éramos como dos niños queriéndose a rabiar, pero parecíamos adultos complicándonos tanto algo tan simple, con lo fácil que es abrazarse y sonreír. Podrán decir que fue poco tiempo, que no pasamos casi tiempo juntos, que no nos dio tiempo a querernos ni a dejarnos tanta huella, pero sé mejor que nadie lo intensos que fueron ese par de meses. Sé que cada día nos contábamos una vida entera, que los días que pasamos el uno al lado del otro se me llegaba a agrietar la comisura de los labios de tanto sonreír, y sobre todo lo demás, sé que a pesar de no haberlo hecho bien, te quise más de lo que he querido a nadie nunca.
¿Sabéis por qué sigo queriendo invertir mi tiempo a su lado? Porque todos y cada uno de los momentos que vivimos, me siguen sacando una sonrisa por mucho que después se convierta salada. Porque cambiaría muchas cosas, pero simplemente aquellas que le hicieran volver... Porque no hay persona en este mundo que me haya hecho perder así la cabeza.
¿Sabéis por qué sigo queriendo invertir mi tiempo a su lado? Porque todos y cada uno de los momentos que vivimos, me siguen sacando una sonrisa por mucho que después se convierta salada. Porque cambiaría muchas cosas, pero simplemente aquellas que le hicieran volver... Porque no hay persona en este mundo que me haya hecho perder así la cabeza.
jueves, 23 de abril de 2015
Nada podrá salvarte...
Bajo las escaleras, nerviosa. Cuando estoy casi abajo, espero cinco segundos, respiro y sonrío. Como siempre. No sé por qué, pero por mucha rutina que sea, me siguen temblando las piernas... Levanta la mirada y cuando me ve en el portal, sonríe y me atrapa, la verdad es que tampoco se me ocurre poner ninguna resistencia. ¿Cuánto tiempo llevo esperando esto? Poder estar de nuevo así, me siento tan protegida, como si nada malo pudiera pasarme, como si este instante fuera eterno... Casi sin pensarlo, nos dirigimos hacia el banco donde solíamos estar, nuestro banco. Es todo tan increíble, tan genial, que no se me ocurriría dejarlo escapar nunca más. Pensaba que no podría volver a percibir su olor tan de cerca, aprenderme sus ojos de memoria, llegué a creer que olvidaría por completo lo que me llenaba el simple hecho de saber que estaba a mi lado en ese preciso instante, tener la seguridad de poder abrazarle para comprobar que no podía irse... Pero esta vez es diferente. Sus besos no sacian mis ganas, sus ojos brillan demasiado y aunque no dejo de sonreír, parece que nada es lo mismo. Sus brazos poco a poco me hacen sentir más desprotegida, como si me dejaran expuesta a un huracán, como si me empujaran... Intento agarrarme a él, pero su imagen se distorsiona hasta que termina desapareciendo, convirtiéndose en polvo. Lo busco por todos lados, contemplo el vacío que ha dejado entre mis brazos, ¿qué está pasando? Sigue aquí, sé que sigue aquí, aún puedo oírle respirar, escucho cómo dice mi nombre continuamente, cómo su voz suena cada vez más lejos pero vuelve, siempre vuelve... No puedo respirar, no consigo que el aire me llene los pulmones. Se me nubla la vista, y cuando consigo volver a verlo todo con nitidez, reconozco las estrellas que hay pegadas en el techo de mi habitación. Estoy en mi cama, pero aún se me hace difícil respirar.
No puede ser, he vuelto a dejarle escapar.
sábado, 18 de abril de 2015
Dejarse llevar suena demasiado bien
Cuando todo acaba, cuando después de haberte visto sumergida en algo tan intenso, frenas de golpe, empiezas a pensar, intentas recordar cómo has llegado a donde estás. ¿Cómo empezó todo? Te cuestionas cosas que parecían obvias, ¿en qué momento empecé a sentir, a mirarte con estos ojos? Todo empezó antes, mucho antes... Al principio, cuando me ponía a recordar, echaba tan solo un par de semanas atrás, pensando que nuestro principio fue ese, creyendo que fue aquel día en el que, con tu descaro y ausencia de timidez decidiste desconcertarme así. Ahora me doy cuenta de que me equivocaba. Después de todo lo ocurrido, me doy cuenta, me doy cuenta de tantísimos gestos, sonrisas, de tantas miradas y tantos detalles... ¿No era yo la que daba tanta importancia a las pequeñas cosas? Esta vez me he dado cuenta tarde. Es increíble cómo en esos momentos no fui capaz de valorar cada una de aquellas cosas, cómo con el tiempo han recobrado su verdadero valor. Pensaba que habías llegado de golpe y sin avisar, pero en realidad, todo fue muy poco a poco por mucho que yo no lo viera... Para cuando quise darme cuenta, me encontraba perdida en tus brazos, con la respiración entrecortada, viendo cómo tus ojos brillaban y sonreías, y te mordías el labio casi sin querer. Esas cosquillas en la tripa y mis inmensas ganas de quererte sí que rompieron mis esquemas... De repente, me puse nerviosa, como si sintiera algo por ti, como si quisiera besarte. ¿Realmente lo sentía? ¿Esas cosquillas significaban lo que yo creía? Sí, ¡claro que sí! Me estaba volviendo loca tanto pensar, sólo quería dejarme llevar, sonreír, olvidar... Y aquel fue el resultado de cada detalle ignorado anteriormente, llevaba tiempo enamorada de su forma de pensar, echando de menos, sin saberlo, el roce de su piel, buscando cada día su sonrisa.
Todos y cada uno de los momentos que vivimos, todas y cada una de las personas que nos rodean, tienen la importancia que nosotros decidamos darles. Hay días que olvidamos nada más despertarnos la mañana siguiente, y a su vez, instantes que no olvidamos nunca. Hay personas sin las que no podríamos sobrevivir dos días seguidos, y gente que de un día para otro sólo se convierte en eso, gente...
Todos y cada uno de los momentos que vivimos, todas y cada una de las personas que nos rodean, tienen la importancia que nosotros decidamos darles. Hay días que olvidamos nada más despertarnos la mañana siguiente, y a su vez, instantes que no olvidamos nunca. Hay personas sin las que no podríamos sobrevivir dos días seguidos, y gente que de un día para otro sólo se convierte en eso, gente...
lunes, 30 de marzo de 2015
Cuando parece que todo va bien, se tuerce...
"No puedo, no puedo, no puedo..."
Y así todo el rato en mi cabeza. Hay algo que me impide avanzar, seguir adelante... Últimamente no tengo ganas, no desde que volví a caer en picado. Llevaba tiempo sin esperar nada de nadie y la verdad, me iba bien. Sinceramente, no sé muy bien cómo explicar la manera en la que me sentía hace un mes, más o menos. Sentía que todo iba sobre ruedas, como si nada costara ni supusiera un esfuerzo increíble, me sentía bien, llena de fuerza, llena de vida... Era un momento en mi vida en el que no me preocupaba lo más mínimo por nada que pudiese hacerme daño, vivía cada día y me olvidaba del resto. Aunque en el momento no lo valorara, daría lo que fuera por volver a estar así ahora mismo, ojalá pudiese dejar de preocuparme, de pensar... Pero ahora ya es tarde, casi sin querer me metí en una historia que no me dio ni tiempo a acostumbrarme a vivir. Las sonrisas, los abrazos y las conversaciones que tuvimos, las ilusiones y cosquillas en la tripa que no tardaron en llegar, la sensación de que empezaba a existir un motivo con nombre, apellidos, y mis mismas ganas... Todo fue muy rápido, llegó y rompió mis esquemas. ¿De dónde había salido de repente esa risa nerviosa? Me dijeron que no pensara tanto, que hiciera lo que me dictara el corazón, que luego siempre me arrepentía por no haber aprovechado ciertas oportunidades... Y no pensé. Me dije "qué más da, si es lo que quiero ahora" y no pensé. Siempre he sido de ilusiones rápidas, pero es que de verdad creía que iba a salir bien... Qué ingenua fui al pensar que esta vez podría ser la buena. Aún me queda por agradecerle, la verdad, por haberme hecho sentir bien conmigo misma, por haberme hecho conocer, aprender, siempre aprender... Pero todo acaba, a veces antes de lo esperado y de lo que hubiésemos podido desear. A veces, por mucho que no quieras que termine tienes que ser tú quien le ponga fin, porque no va a ninguna parte, por tu propio bien... Muchas veces, duele más el sentir que no sirves, que algo va mal contigo misma, el hecho de pensar que no va a haber nunca alguien que valore y aprecie algo en ti, a veces duele muchísimo más cómo te hace sentir inferior, insuficiente, insignificante. Al fin y al cabo todo pasa y se asume, pero de lo que más me seguiré arrepintiendo es de no haber pensado un poco más las cosas. Porque de lo contrario quizá, ahora mismo, no estaría echando de menos las veces que hablé contigo de la vida en general, tu manera de pensar y de expresarlo... Probablemente no te echaría de menos el resto de mi vida, básicamente porque te seguiría teniendo a mi lado de una manera que vale un poco más la pena...
Y así todo el rato en mi cabeza. Hay algo que me impide avanzar, seguir adelante... Últimamente no tengo ganas, no desde que volví a caer en picado. Llevaba tiempo sin esperar nada de nadie y la verdad, me iba bien. Sinceramente, no sé muy bien cómo explicar la manera en la que me sentía hace un mes, más o menos. Sentía que todo iba sobre ruedas, como si nada costara ni supusiera un esfuerzo increíble, me sentía bien, llena de fuerza, llena de vida... Era un momento en mi vida en el que no me preocupaba lo más mínimo por nada que pudiese hacerme daño, vivía cada día y me olvidaba del resto. Aunque en el momento no lo valorara, daría lo que fuera por volver a estar así ahora mismo, ojalá pudiese dejar de preocuparme, de pensar... Pero ahora ya es tarde, casi sin querer me metí en una historia que no me dio ni tiempo a acostumbrarme a vivir. Las sonrisas, los abrazos y las conversaciones que tuvimos, las ilusiones y cosquillas en la tripa que no tardaron en llegar, la sensación de que empezaba a existir un motivo con nombre, apellidos, y mis mismas ganas... Todo fue muy rápido, llegó y rompió mis esquemas. ¿De dónde había salido de repente esa risa nerviosa? Me dijeron que no pensara tanto, que hiciera lo que me dictara el corazón, que luego siempre me arrepentía por no haber aprovechado ciertas oportunidades... Y no pensé. Me dije "qué más da, si es lo que quiero ahora" y no pensé. Siempre he sido de ilusiones rápidas, pero es que de verdad creía que iba a salir bien... Qué ingenua fui al pensar que esta vez podría ser la buena. Aún me queda por agradecerle, la verdad, por haberme hecho sentir bien conmigo misma, por haberme hecho conocer, aprender, siempre aprender... Pero todo acaba, a veces antes de lo esperado y de lo que hubiésemos podido desear. A veces, por mucho que no quieras que termine tienes que ser tú quien le ponga fin, porque no va a ninguna parte, por tu propio bien... Muchas veces, duele más el sentir que no sirves, que algo va mal contigo misma, el hecho de pensar que no va a haber nunca alguien que valore y aprecie algo en ti, a veces duele muchísimo más cómo te hace sentir inferior, insuficiente, insignificante. Al fin y al cabo todo pasa y se asume, pero de lo que más me seguiré arrepintiendo es de no haber pensado un poco más las cosas. Porque de lo contrario quizá, ahora mismo, no estaría echando de menos las veces que hablé contigo de la vida en general, tu manera de pensar y de expresarlo... Probablemente no te echaría de menos el resto de mi vida, básicamente porque te seguiría teniendo a mi lado de una manera que vale un poco más la pena...
miércoles, 18 de marzo de 2015
Quise dártelo todo...
En
ese instante sentí cómo mi corazón se rompía en mil pedazos.
Segundos después, no sentí nada más. Me desperté en el hospital.
Lo supe porque a mi alrededor se respiraba un ambiente enfermizo,
quizá por el exceso de blanco que decoraba las paredes, por los
cables que me rodeaban por todas partes, o quizá por lo fuerte que
me abrazaron mis padres cuando abrí los ojos. Seguía sin saber qué
me había pasado, pero estuve unas horas en observación y me
llevaron a casa en seguida.
Me
pasé el día en la cama por orden del médico, pero gracias a Dios
mis amigas vinieron a hacerme una visita y me contaron cómo y por
qué terminé en aquella habitación de hospital, la 233. No hizo
falta más que decir su nombre para entenderlo todo... Raúl. Vi a
Raúl después de tanto tiempo, de la mano de otra chica, besándola
como si fuera el último día de su vida. Me contaron que el color de
la cara poco a poco me cambió, que me fallaron las piernas y me
desmayé, con la mala suerte de dar con una esquina y golpearme la
cabeza. Empecé a recordar poco a poco lo sucedido minutos antes de
haberme desvanecido. Recuerdo que lo vi de espaldas, reconocí esos
andares tan característicos y esa manera de tocarse el pelo tan
suya... Era inconfundible. Nunca hubiese pensado que un sentimiento
pudiese provocar tanto, siempre nos dicen que estos temas no tienen
mayor importancia... ¿Cómo hubiese podido imaginar que el querer a
Raúl con todas mis fuerzas podría hacerme perder realmente la
cabeza? Hacía tiempo que no lo veía, teniendo en cuenta la manera
en la que terminamos supongo que es normal que nos hubiésemos
evitado todo lo posible... Por muchos meses que hubiesen pasado, por
mucho que me hubiese molestado en enterrar ciertos sentimientos y
recuerdos, todo lo avanzado y construido se derrumbó cuando le vi
sonreír de la misma manera en la que solía hacerlo conmigo, todo lo
que creí haber superado cayó, tan débil como un castillo de
naipes... Nos quisimos, de eso no cabe duda. Nos quisimos como se
quieren aquellos que no van a volver a verse al día siguiente, pero
así todos los días. Ese fue nuestro error, querernos como si no
hubiera mañana cuando en realidad sí que lo había, hacernos los
tontos con los pequeños fallos que cometíamos, pensando que a la
larga no se iban a notar, y es que eso fue lo que nos pasó, que nos
quisimos tanto, pero nos quisimos tan mal que las cosas no pudieron
salirnos de otra manera... Poco a poco se alejó, y ni siquiera se
molestó en inventarse alguna excusa o en decirme alguna mentira,
para que al menos todo sonara un poco menos doloroso. Vivimos
demasiado juntos como para que me fuera indiferente, sentí tanto con
él por primera vez... Es la única persona por la que en su día
hubiese llegado a dar la vida. Ahora... Ahora él es quien me
revuelve el estómago, el que me nubla la vista, él es el hormigueo
que siento por las piernas. Es el cuchillo que siento que se me clava
por la espalda cada vez que pienso en la de días que no viviremos
jamás, y al mismo tiempo es la cura que me alivia el dolor cuando
recuerdo que hubo un tiempo en el que compartió sus días conmigo.
Quizá
no vuelva a verlo, quizá pase un tiempo hasta que me encuentre de
nuevo con él, o quizá mañana me lo cruce y me olvide hasta de
respirar... Algún día, no sé dentro de cuánto, lo veré por la
calle y habré aprendido a controlar mis piernas y mi respiración,
algún día volveré a verle y seré capaz de mirarle con cara de
indiferencia... Tengo asumido que no va a volver, que lo pasado ahí
se ha quedado, pero por muy interiorizado y asumido que tenga todo
esto, tengo que admitirlo... El día que desperté en el hospital
después del desmayo, a pesar de no recordar el motivo por el que
estaba allí, abrí los ojos buscando su mirada entre la claridad de
la habitación...
miércoles, 11 de marzo de 2015
15.54
Cuando tratas de olvidar, en realidad buscas dejar de enamorarte cada día del mismo recuerdo. Todos sabemos que somos incapaces de borrar de nuestra memoria ciertos momentos... En realidad, yo esperaba despertarme un día y no echarle de menos. Esperaba poder levantarme un domingo por la mañana y no recordar que hacía unos meses, llevaría horas despierta decidiendo qué ponerme para verle después, esperaba salir a la calle un día normal y no estar pendiente de si lo iba a ver, o que llegara la noche y no me diera cuenta de que su nombre no aparecía en mi pantalla desde hacía ya un tiempo... Tuve que conformarme con ver los días pasar y dejar que el dolor se fuera clavando un poco menos, tuve que hacerlo todo muy poco a poco, no hubo más remedio que dejarle actuar al tiempo, y eso ha hecho. Ahora ya casi no duele. Han pasado un par de meses y hay cosas que han cambiado en mí, es verdad. Ahora ya no pienso en él por las mañanas, y tampoco salgo con la esperanza de poder verle ni noto su ausencia por las noches... Solo pienso en él de vez en cuando. A veces, es inevitable acordarse y sentir cómo mi estómago se encoje, porque sí, porque de la misma manera en la que al final, hay muchas cosas que cambian, hay otras que siempre permanecen, y esta es una de ellas. ¿Cómo cambiar el lugar que una persona ocupa dentro de ti? ¿Se hace así, de repente? ¿O es que todo pasa poco a poco y llega un día en el que ya no sientes nada, sin darte cuenta? De esto me voy a acordar siempre, de eso no cabe duda, pero pronto olvidaré detalles a los que ahora doy importancia, dejaré de recordar ciertas fechas porque ya no ocuparán su lugar en mi calendario... Hasta que solo quede la simple idea de que alguien con su sonrisa me quiso alguna vez, el recuerdo de que fue entonces cuando aprendí lo que después, tantas veces he repetido y recordado... "No se sabe lo que se tiene hasta que se pierde"
viernes, 6 de febrero de 2015
Te doy media noche
Llegué y lo vi con esa sonrisa, mirándome. Por un momento pensé que podría pasar, pensé que quizá aquella sonrisa o el brillo de esos ojos significaban algo... En un segundo pasó por mi mente la idea de cómo sería acurrucarme con él en el sofá, o de qué manera me besaría cada día de la semana. Me hubiese gustado quedarme allí, en lo profundo de mi imaginación donde ciertos imposibles lo eran un poco menos, pero tuve que volver, tuve que volver para darme cuenta de que yo jamás sería esa clase de chica a quien le pasan estas cosas, para aceptar que yo nunca destacaría por una mínima sonrisa o siquiera una mirada. Asumí que nada de lo ocurrido en mi imaginación segundos antes podría pasar, cuando miré a mi alrededor y vi a todas aquellas en las que yo misma me fijaría antes, y bueno... Siempre se termina perdiendo la ilusión, algo o alguien siempre termina abriéndonos los ojos, me quedo con que al menos me dedicó una sonrisa y un poco de su tiempo...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)