Espero que nunca seas como ese papel olvidado que encuentras al fondo de un baúl, arrugado y medio roto, con palabras que en su momento significaron algo importante.
domingo, 26 de julio de 2015
Serán tus ojos, tus ojos color marrón...
Siempre vamos a encontrarnos con alguien que intente destrozarnos después de jurarnos que le importamos. No... No quiero eso. A mí no me hace falta escuchar todos los días un te quiero que más tarde no vaya a ser demostrado. Me siento tan inútil... ¿Cómo he podido creerme algo así? ¿Que me quería? Sí, pero... ¿Para qué? Por mucho que cueste, hay veces que tenemos que renunciar a personas que querríamos mantener a nuestro lado en cierto modo, por el simple hecho de que lo único que hacen en nuestra vida es destrozarla de esa manera. Hay momentos en los que tenemos que girar la cara y rechazar un beso que nos morimos de ganas de dar, para dentro de un tiempo, seguir teniendo esos brazos protegiéndonos desde otra perspectiva. No quiero intentar alargar algo que no da más de sí, no quiero intentar arreglarlo cuando hace tiempo que se hizo añicos... Solo quiero dejar que se cure, que se recomponga, solo quiero volver a verle reír, conmigo, a mi lado, reírse de mí. Quiero que le de tiempo a echarme de menos y que me coja con más ganas, que me cante esas canciones que no soporto, que me cuente, que me quiera. Que me quiera y que se note, como antes de que estropeáramos todo esto, como antes de haber sobrepasado el límite. A fin de cuentas, más segura que nunca... Renuncio. Renuncio a ti como aquel que tiene derecho a sorprenderme con un beso y llevarme al cielo, para poder conservarte como el chico que me ha hecho reír y creer en mí misma en todo este tiempo. Renuncio porque me respeto y hay cosas que no me voy a permitir, no quiero fallarme... Renuncio porque te quiero, y esta me parece la manera más auténtica de demostrarlo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario