sábado, 4 de julio de 2015

054

Sentía un vacío en el pecho. ¿Cuánto hacía ya de esas ilusiones? ¿Cuánto había pasado desde la última vez que se formó un huracán dentro de mí y terminó por estallar en mil sonrisas? No me acuerdo ni de cómo era eso de tener unos brazos rodeándote la cintura y corresponderlos. Y saber que no necesitas nada más. Esas ganas desesperadas por llenar mi vacío, por sentir que mi corazón volvía a latir por alguien que no se hubiera llevado el tiempo, por sentirme viva, esas ganas de sentir algo, a secas,pudieron conmigo al fin. Lo intenté, juro que intenté sentir algo más que miedo al ver aquella sonrisa, pero no lo logré. Noté cómo el miedo se apoderaba de mi cuerpo en tan solo un segundo, al darme cuenta de que aquella sonrisa, esta vez, tampoco iba a provocar nada nuevo en mí. Confundí la necesidad de tener a alguien que me revolviera el estómago, con querer estar con alguien que me hiciera olvidar que era eso lo que necesitaba...

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