miércoles, 23 de noviembre de 2016

¿Fin?

Reapareces,
siempre.
Destruyes y arrasas con todo
de la manera más sencilla
y más bonita.
Reapareces,
me desmoronas.
Reconstruimos sobre escombros,
excusas
y viejos reproches.
Reapareces,
siempre
porque siempre
te vas.




Hay historias que siempre encuentran la manera y personas que jamás olvidan el camino de vuelta.

lunes, 24 de octubre de 2016

something...

Nunca supe muy bien a qué se referían cuando hablaban de fragilidad hasta que mis cimientos, lo construido a base de tiempo y ganas, se derrumbó sin motivo ni pretexto, sin aviso, sin nada; sin dejar nada... Las personas que más nos marcan son así, inesperadas, intermitentes, fugaces. Eternas. A veces no hay explicación, nos traiciona el subconsciente. Los recuerdos, los sentimientos escondidos bajo tierra, los escalofríos, los sudores,.. Aún se me escapa algún que otro suspiro si vuelvo a verte, no puedo controlarlo. Estás en todas partes pero no te encuentro en ninguna...
Quédate esta noche, prometo no olvidarla. Prometo no dormirme hasta que se te cierren los ojos y sonrías en sueños... Solo espero que esta vez el tiempo juegue a mi favor.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Esperar siempre duele...

Me encantaría poder contarte que me lo encontré esperando en mi portal. Me encantaría contarte que me miró y se me paró el corazón, que todo se me revolvió al verle ahí, como pidiéndome perdón a gritos. Que yo en cambio, pensé "¿perdón, tú, por qué? Si solo te fuiste porque no hacías más que darte contra la pared que yo misma había construido". Pero no, querida, no es el caso. No puedo contarte nada de eso porque nada de eso es verdad, porque nada pasó, al menos no en la vida real. Llegué y lo que me encontré fue vacío en el portal. Esperé al ascensor pensando que en realidad no pretendía que estuviera ahí cuando volviera a casa, pero me mentí. Mientras llegaba al quinto piso, me repetí todas las veces que pude que era tonta. No estaba y no iba a estar, no me volvería a esperar. Abrí la puerta de casa y recordé su aroma, la manera en la que se solía apoderar de mí. Me senté a cenar y pensé en las mil cosas que podría decirle si algún día se le ocurría aparecer. Qué idiota, pensaréis. La verdad es que sí. Qué otra imbécil se tropezaría con una piedra y volvería a ponerla en su camino aposta. Me gustaría poder contarte que me lo encontré esperando en mi portal pero aquella noche volví a dormir sola. No me importó, yo seguí construyendo mi discurso por si aparecía por la mañana con el sol... En mi cabeza le decía que jamás había querido a nadie así. Lo demás poco importa, eran solo tonterías que se dicen cuando uno está enamorado.
Así pasaron los días, uno tras otro, hasta que dejó de importarme que no estuviera. Ya no le pensaba. Ya no lo imaginaba aquí. Una noche volví a casa y al ver el portal vacío no pensé que alguien faltara. Simplemente vi el portal vacío, sin ausencia alguna. Olvidar también es triste. Dejar de sentir también es amargo. Ver cómo ese sentimiento que se te agarraba el pecho va soltando sus garras, va desvaneciéndose poco a poco... Entiendes que todo deja de doler, desaparezca, huya o se esconda, haga lo que haga, deja de hacer herida.
Quizá algún día recuerde el número de mi portal y el piso, quizá encuentre la manera de reavivar mi llama... Yo ya no espero que lo haga.

domingo, 18 de septiembre de 2016

mírame...

Dentro de un año no estaré aquí ni seré al cien por cien la que soy ahora. Habré aprendido y me habrán fallado, yo qué sé, pero nada será igual. De nada servirá intentar que todo vuelva a su ser porque todo habrá cambiado, y no tiene por qué ser malo. Simplemente será diferente. El noventa por ciento de este año vamos a pasarlo imaginando y preparando el año siguiente, sin darnos cuenta de que vamos poco a poco, perdiendo cada día, por un claro objetivo: no cagarla. No equivocarnos. No perder el tiempo. Por eso, no quiero dedicarle tiempo en estos precisos instantes. Quiero valorar el momento que vivimos, la gente que me rodea, la que me da la mano y la que no. el brillo en su mirada, las sonrisas que me sacan, los momentos en los que pienso lo bien que está todo a veces... Quiero, en unos años, ser consciente de esta época y no recordarla como un año fugaz y distorsionado, sino como un "click", como un año lleno de vida. Precisamente ahora es el momento idóneo para hacer grande cada detalle; sonreír por el calor de un abrazo, llorar de alegría ante una sorpresa y también poder sorprender, enfadarse para saborear lo bonito de la reconciliación, ponerse melancólica al hablar con alguien de la vida en general, enmarcar en la memoria una mirada, un sabor o un aroma... Lo importante está por dentro. Solo hay que aprender a mirar...

miércoles, 10 de agosto de 2016

Quién supiera qué se siente

Llega una tarde cualquiera y con un par de palabras te parten el corazón. Se oye crujir, lo notas romperse en mil pedazos, y te das cuenta de la fragilidad de ciertas cosas, de lo fácil que pueden llegar a desaparecer o transformarse... En ese mismo instante, siempre me digo que no volveré a sentir tanto por nada, que no voy a volver a dar más de mí por nadie, que jamás invertiré tanto tiempo. amor y ganas, nunca más. Pero ni siquiera duran esas promesas. Nada dura eternamente, todo termina, todo se esfuma, creedme. De alguna manera, cada día es distinto al anterior, por imperceptible que sea el cambio, nada se siente igual dos veces, no besas a la misma persona con la misma intensidad ni delicadeza una segunda vez. no vuelves a acariciar un cuerpo como el primer día...Cuesta asumir que todo buen tiempo se va, que lo bueno siempre se acaba, pero es ley de vida. 


No pasa nada, por mucho que duela echar de menos unos ojos, un aroma o la fuerza de un abrazo, ese dolor tampoco es inmortal, ese dolor también termina por irse. 

"No puedes pretender que las cosas permanezcan intactas e inmóviles, por mucho que te gustaría que así fuera. No puedes evitar que la gente muera. No puedes evitar que se marche. Ni siquiera uno mismo puede evitar marcharse."  -Jennifer Niven, Violet y Finch.

lunes, 4 de julio de 2016

"Te acuerdas cuando..."

Es increíble cómo algo puede romperse tan fácilmente, hacerse añicos. A veces tu corazón se divide. A veces es imposible no perder. Siento como si nunca lo hubiese conocido cuando pasa por mi lado con tanta indiferencia, cuando me mira con esos ojos como a una extraña. Pronuncia esas palabras y me deshago en mil pedazos. "Acabas de destrozar esta puta historia", le digo en mi cabeza. Lo peor es que lo más probable sea que no le importe, o que ni siquiera considere historia lo que aquello fuera... He pasado página, tenlo claro. Pero soy muy de empezar un libro nuevo sin haber llegado a terminar el anterior. No... No es que aún sienta nada, pero me gusta que esté, no me gusta deshacerme así de alguien, como si terminar fuera echarlo de mi vida para siempre, como si no pudiéramos permitirnos el lujo de saber cómo nos va. Me gustaría sentarme a hablar y recordar los buenos tiempos, juntos, sin reproches, sin excusas. En algún momento hemos conectado tan bien, de una manera tan especial, hemos estado tan cerca, que me parece casi imposible, al menos viendo la vida como yo la veo, borrarnos. Pero a veces, en algún rincón del corazón, donde se almacenan los recuerdos... queda algo de sentimiento, y cuando los mezclas, no sale nada bueno. Y quizá por eso no quieras saber de mí, ni de cómo me gustaría contarte que aún me acuerdo de ti, que soy capaz de considerar lo nuestro como buenos tiempos. Y puede que por eso seas la forma en la que aprendo que en esta vida no se puede tenerlo todo.


Por eso hoy, no puedo elegirte a ti.

domingo, 17 de abril de 2016

Conexiones

Hola, amor. Hoy te escribo por qué no sé muy bien cómo explicarte que a veces duele no saber explicártelo. Sí, ya sabes a qué me refiero, a todas esas veces que me ves con esa cara de perros y esas ganas de llorar y yo no sé darte ni un solo motivo. Te escribo para que al menos quede constancia de este intento otra vez fallido de explicar este desastre que llevo dentro. No, nunca es culpa tuya, amor, tú solo me sacas sonrisas. Sé que nunca te lo he dicho pero, entiéndeme, sabes mejor que nadie cómo tiemblo cuando algo es auténtico y, qué mejor ejemplo de autenticidad que lo nuestro... Nunca lo he escrito, pero eso ha sido porque nunca me ha hecho falta. A veces, cuando las cosas van bien, se dicen solas, ¿sabes? O eso cuentan... Que cuando todo funciona, no hace falta. No sé, hoy me he despertado, te he visto a mi lado y... Aquí estoy. Quería contarte que yo antes de ti no sabía lo que era sonreír por algún motivo a largo plazo, que no supe, hasta que llegaste tú, lo que era sentirse protegida en unos brazos que no fueran míos, amor... Lo sé, puse muchas pegas, muchos obstáculos entre nosotros, y si no los tenía me los inventé. Repetí, una vez más, el error que pensé que no volvería a cometer. Tuve que perderte para darme cuenta de lo que tenía, de que te quería, lo sé, nunca lo había hecho tan mal... Y por eso estoy en deuda contigo, porque no te importó cómo había llegado a destrozarlo todo, cómo había roto nuestros lazos, cómo había dejado que pasara el tiempo. Te quiero, amor, porque no soy capaz de describir cómo sonrío cuando nos vemos después de toda la semana ni lo mucho que te echo de menos nada más darte el beso de despedida, pero puedo asegurarte que es lo más bonito que me ha pasado nunca. Aún y todo, ya sabes lo tonta que me pongo a veces, no me lo tengas en cuenta, soy un poco nueva en esto... Quiero hacer bien las cosas esta vez, amor, contigo no quiero fallar de nuevo. Y a veces, cuando me enfado, me entra el miedo. Lo veo todo muy frágil ¿sabes? Pero te aseguro que no, que voy a cuidarte, de verdad...
No sé, creo que lo he dejado todo igual que al principio pero no importa, sabes mejor que nadie que lo nuestro es demasiado... "nuestro" como para poder explicarlo. Perdóname por esas veces en las que no entiendes nada, nunca es culpa tuya, amor, nunca.

martes, 29 de marzo de 2016

Cicatrices...

Nunca será lo mismo. El tiempo ha pasado, y con él, se ha ido todo lo que creíamos nuestro. Si lo quieres, déjalo ir. El problema es que no sabía si lo quería, ni si él me quería a mí. Nunca lo supe, nunca entendí eso de pirarse y volver a los tres días, no era capaz de interpretar las rayadas como intento desesperado de decirme te quiero, hasta que se terminó. Siempre desearé haber sabido hacer mejor las cosas, pero tampoco me culpéis, nadie antes me había querido así. Me quiso mucho en muy poco tiempo, de manera explosiva, a matar - o a morir, aún no lo sé muy bien -. Éramos dinamita, y no hacíamos más que jugar con fuego y arriesgarnos a encender la mecha, a hacernos explotar, a hacernos añicos... Nos gustaba ese juego, nos apasionaba, pero al mismo tiempo nos iba consumiendo. Un día tocábamos las nubes y al siguiente nos comíamos el suelo. Éramos. Lo éramos todo, y aún duele tener que hablar de ti en pasado, pero ya no queda otra... Nos arriesgamos tanto, nos creímos tan dueños del juego, que no recordamos las reglas, no sabíamos que perder significaba perderse, del todo, para siempre. A partir de aquel momento, los únicos que no cambiaron y aún no han cambiado son los recuerdos, que aunque a veces los sienta como una punzada en el corazón, me siguen sacando una sonrisa cada vez que pienso en cómo activaba mi sistema nervioso en cuestión de segundos. Los he guardado en un rincón para no tener que verlos a diario pero a buen recaudo, para no perderlos... Ellos me hicieron volver a por él, pero ya era tarde. Lógico. Qué otra tonta como yo iba a pensar que seguiría prendado de mis ojos e intentando recordar mi olor después de tanto tiempo. Simplemente pensé que de la misma manera en la que el sentimiento había perdurado en mí, podría haberlo hecho en él también, en alguna esquina, en algún poro de su piel... Qué ilusa, hacía tiempo que se había impregnado de otro olor, enamorado de otros ojos.
A día de hoy tengo claras muy pocas cosas. Una es que te quise de manera incondicional. Otra es que me quisiste casi de la misma manera en la que yo lo hice. Y bueno... que sé que pudimos querernos mucho y que de hecho lo hicimos, pero no supimos hacerlo bien.

lunes, 15 de febrero de 2016

Al menos, duró algo más que un suspiro...

Como si ya conociera el guión de la historia, como si supiera, antes de empezar, que ella iba a morir, hasta arriba de decepciones. Me hice la fuerte. Repetí tantas veces que a mí me daba igual, que yo no sentía nada, que terminé creyéndome mi propia mentira. Quise, por una vez, ser la parte de la historia que no sale dañada, quise ser protagonista de un cuento con final feliz y epílogo infinito, por primera y última vez, quería tener motivos válidos para poder ilusionarme. No pudo ser. La alegría que supuso aquel instante, se evaporó nada más abrir los ojos.

sábado, 23 de enero de 2016

Sólo imagina lo precioso que puede ser arriesgarse y que todo salga bien...

Una sonrisa. Una mirada. No sé, un leve suspiro que me gritara que estás de vuelta. Y lo hiciste. Casi sin pensar, sin preparar, quizá, casi sin quererlo. Me conozco menos de lo que pensaba. Me pongo más barreras de las que creía. Eso ya, no importa... Estás aquí. Aquí. Aquí. Aquí no es ningún lugar pero es siempre a mi lado, y eso ya es bastante más de lo que nunca llegué a aspirar. Quédate. Sólo quédate y no hagas que vuelva a pedírtelo, porque lo haría, lo haría siempre. Qué poco me dices pero cuánto me cuentas al mismo tiempo... Antes de ti nunca entendí ni imaginé lo que sería sentarse al lado de una persona y que el simple hecho de estar, de ser, lo fuera todo. Fuera tranquilidad y un huracán que envolviese los dos cuerpos, el miedo a perderse y la confianza que asegura que no se irá, la complicidad de un abrazo y el momento de despedirse, para echarse de menos... Me enseñas a simplificar lo más complicado, como una ecuación, como un problema en el que siempre opto por el camino más largo y difícil, y tú despejas la incógnita en tan solo dos pasos. ¿Difícil? Difícil ya no existe, difícil sólo hasta que llegas tú. Hasta que llegas, coges, y me desarmas, me proteges y me calmas. De la manera más bonita en la que me han calmado nunca, convirtiéndote en mi calma, después de la mayor tormenta... Mi refugio, mi hogar, mi chaleco antibalas, llámalo como quieras. O llámalo felicidad. No es tan complicado...