Me encantaría poder contarte que me lo encontré esperando en mi portal. Me encantaría contarte que me miró y se me paró el corazón, que todo se me revolvió al verle ahí, como pidiéndome perdón a gritos. Que yo en cambio, pensé "¿perdón, tú, por qué? Si solo te fuiste porque no hacías más que darte contra la pared que yo misma había construido". Pero no, querida, no es el caso. No puedo contarte nada de eso porque nada de eso es verdad, porque nada pasó, al menos no en la vida real. Llegué y lo que me encontré fue vacío en el portal. Esperé al ascensor pensando que en realidad no pretendía que estuviera ahí cuando volviera a casa, pero me mentí. Mientras llegaba al quinto piso, me repetí todas las veces que pude que era tonta. No estaba y no iba a estar, no me volvería a esperar. Abrí la puerta de casa y recordé su aroma, la manera en la que se solía apoderar de mí. Me senté a cenar y pensé en las mil cosas que podría decirle si algún día se le ocurría aparecer. Qué idiota, pensaréis. La verdad es que sí. Qué otra imbécil se tropezaría con una piedra y volvería a ponerla en su camino aposta. Me gustaría poder contarte que me lo encontré esperando en mi portal pero aquella noche volví a dormir sola. No me importó, yo seguí construyendo mi discurso por si aparecía por la mañana con el sol... En mi cabeza le decía que jamás había querido a nadie así. Lo demás poco importa, eran solo tonterías que se dicen cuando uno está enamorado.
Así pasaron los días, uno tras otro, hasta que dejó de importarme que no estuviera. Ya no le pensaba. Ya no lo imaginaba aquí. Una noche volví a casa y al ver el portal vacío no pensé que alguien faltara. Simplemente vi el portal vacío, sin ausencia alguna. Olvidar también es triste. Dejar de sentir también es amargo. Ver cómo ese sentimiento que se te agarraba el pecho va soltando sus garras, va desvaneciéndose poco a poco... Entiendes que todo deja de doler, desaparezca, huya o se esconda, haga lo que haga, deja de hacer herida.
Quizá algún día recuerde el número de mi portal y el piso, quizá encuentre la manera de reavivar mi llama... Yo ya no espero que lo haga.
No hay comentarios:
Publicar un comentario