miércoles, 18 de marzo de 2015

Quise dártelo todo...

En ese instante sentí cómo mi corazón se rompía en mil pedazos. Segundos después, no sentí nada más. Me desperté en el hospital. Lo supe porque a mi alrededor se respiraba un ambiente enfermizo, quizá por el exceso de blanco que decoraba las paredes, por los cables que me rodeaban por todas partes, o quizá por lo fuerte que me abrazaron mis padres cuando abrí los ojos. Seguía sin saber qué me había pasado, pero estuve unas horas en observación y me llevaron a casa en seguida.
Me pasé el día en la cama por orden del médico, pero gracias a Dios mis amigas vinieron a hacerme una visita y me contaron cómo y por qué terminé en aquella habitación de hospital, la 233. No hizo falta más que decir su nombre para entenderlo todo... Raúl. Vi a Raúl después de tanto tiempo, de la mano de otra chica, besándola como si fuera el último día de su vida. Me contaron que el color de la cara poco a poco me cambió, que me fallaron las piernas y me desmayé, con la mala suerte de dar con una esquina y golpearme la cabeza. Empecé a recordar poco a poco lo sucedido minutos antes de haberme desvanecido. Recuerdo que lo vi de espaldas, reconocí esos andares tan característicos y esa manera de tocarse el pelo tan suya... Era inconfundible. Nunca hubiese pensado que un sentimiento pudiese provocar tanto, siempre nos dicen que estos temas no tienen mayor importancia... ¿Cómo hubiese podido imaginar que el querer a Raúl con todas mis fuerzas podría hacerme perder realmente la cabeza? Hacía tiempo que no lo veía, teniendo en cuenta la manera en la que terminamos supongo que es normal que nos hubiésemos evitado todo lo posible... Por muchos meses que hubiesen pasado, por mucho que me hubiese molestado en enterrar ciertos sentimientos y recuerdos, todo lo avanzado y construido se derrumbó cuando le vi sonreír de la misma manera en la que solía hacerlo conmigo, todo lo que creí haber superado cayó, tan débil como un castillo de naipes... Nos quisimos, de eso no cabe duda. Nos quisimos como se quieren aquellos que no van a volver a verse al día siguiente, pero así todos los días. Ese fue nuestro error, querernos como si no hubiera mañana cuando en realidad sí que lo había, hacernos los tontos con los pequeños fallos que cometíamos, pensando que a la larga no se iban a notar, y es que eso fue lo que nos pasó, que nos quisimos tanto, pero nos quisimos tan mal que las cosas no pudieron salirnos de otra manera... Poco a poco se alejó, y ni siquiera se molestó en inventarse alguna excusa o en decirme alguna mentira, para que al menos todo sonara un poco menos doloroso. Vivimos demasiado juntos como para que me fuera indiferente, sentí tanto con él por primera vez... Es la única persona por la que en su día hubiese llegado a dar la vida. Ahora... Ahora él es quien me revuelve el estómago, el que me nubla la vista, él es el hormigueo que siento por las piernas. Es el cuchillo que siento que se me clava por la espalda cada vez que pienso en la de días que no viviremos jamás, y al mismo tiempo es la cura que me alivia el dolor cuando recuerdo que hubo un tiempo en el que compartió sus días conmigo.
Quizá no vuelva a verlo, quizá pase un tiempo hasta que me encuentre de nuevo con él, o quizá mañana me lo cruce y me olvide hasta de respirar... Algún día, no sé dentro de cuánto, lo veré por la calle y habré aprendido a controlar mis piernas y mi respiración, algún día volveré a verle y seré capaz de mirarle con cara de indiferencia... Tengo asumido que no va a volver, que lo pasado ahí se ha quedado, pero por muy interiorizado y asumido que tenga todo esto, tengo que admitirlo... El día que desperté en el hospital después del desmayo, a pesar de no recordar el motivo por el que estaba allí, abrí los ojos buscando su mirada entre la claridad de la habitación...



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