lunes, 30 de marzo de 2015

Cuando parece que todo va bien, se tuerce...

"No puedo, no puedo, no puedo..."
Y así todo el rato en mi cabeza. Hay algo que me impide avanzar, seguir adelante... Últimamente no tengo ganas, no desde que volví a caer en picado. Llevaba tiempo sin esperar nada de nadie y la verdad, me iba bien. Sinceramente, no sé muy bien cómo explicar la manera en la que me sentía hace un mes, más o menos. Sentía que todo iba sobre ruedas, como si nada costara ni supusiera un esfuerzo increíble, me sentía bien, llena de fuerza, llena de vida... Era un momento en mi vida en el que no me preocupaba lo más mínimo por nada que pudiese hacerme daño, vivía cada día y me olvidaba del resto. Aunque en el momento no lo valorara, daría lo que fuera por volver a estar así ahora mismo, ojalá pudiese dejar de preocuparme, de pensar... Pero ahora ya es tarde, casi sin querer me metí en una historia que no me dio ni tiempo a acostumbrarme a vivir. Las sonrisas, los abrazos y las conversaciones que tuvimos, las ilusiones y cosquillas en la tripa que no tardaron en llegar, la sensación de que empezaba a existir un motivo con nombre, apellidos, y mis mismas ganas... Todo fue muy rápido, llegó y rompió mis esquemas. ¿De dónde había salido de repente esa risa nerviosa? Me dijeron que no pensara tanto, que hiciera lo que me dictara el corazón, que luego siempre me arrepentía por no haber aprovechado ciertas oportunidades... Y no pensé. Me dije "qué más da, si es lo que quiero ahora" y no pensé. Siempre he sido de ilusiones rápidas, pero es que de verdad creía que iba a salir bien... Qué ingenua fui al pensar que esta vez podría ser la buena. Aún me queda por agradecerle, la verdad, por haberme hecho sentir bien conmigo misma, por haberme hecho conocer, aprender, siempre aprender... Pero todo acaba, a veces antes de lo esperado y de lo que hubiésemos podido desear. A veces, por mucho que no quieras que termine tienes que ser tú quien le ponga fin, porque no va a ninguna parte, por tu propio bien... Muchas veces, duele más el sentir que no sirves, que algo va mal contigo misma, el hecho de pensar que no va a haber nunca alguien que valore y aprecie algo en ti, a veces duele muchísimo más cómo te hace sentir inferior, insuficiente, insignificante. Al fin y al cabo todo pasa y se asume, pero de lo que más me seguiré arrepintiendo es de no haber pensado un poco más las cosas. Porque de lo contrario quizá, ahora mismo, no estaría echando de menos las veces que hablé contigo de la vida en general, tu manera de pensar y de expresarlo... Probablemente no te echaría de menos el resto de mi vida, básicamente porque te seguiría teniendo a mi lado de una manera que vale un poco más la pena...

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