viernes, 15 de mayo de 2015

Nos quisimos tanto a ratos...

¿Recuerdas la vez que me dijiste que te encantaba cómo me maquillaba? No fue el color de los ojos en lo que te fijaste, que también, fue la manera en la que me los pintaba... Nadie había prestado antes tanta atención en mí, en mi forma de sonreír y en cómo me sonrojaba. Supe que eras especial cuando te enfadabas conmigo cada tres días, pero no lograbas aguantar más de tres horas sin volver... Lo supe porque discutir contigo a veces no estaba tan mal. Recuerdo, que éramos como dos niños queriéndose a rabiar, pero parecíamos adultos complicándonos tanto algo tan simple, con lo fácil que es abrazarse y sonreír. Podrán decir que fue poco tiempo, que no pasamos casi tiempo juntos, que no nos dio tiempo a querernos ni a dejarnos tanta huella, pero sé mejor que nadie lo intensos que fueron ese par de meses. Sé que cada día nos contábamos una vida entera, que los días que pasamos el uno al lado del otro se me llegaba a agrietar la comisura de los labios de tanto sonreír, y sobre todo lo demás, sé que a pesar de no haberlo hecho bien, te quise más de lo que he querido a nadie nunca.
¿Sabéis por qué sigo queriendo invertir mi tiempo a su lado? Porque todos y cada uno de los momentos que vivimos, me siguen sacando una sonrisa por mucho que después se convierta salada. Porque cambiaría muchas cosas, pero simplemente aquellas que le hicieran volver... Porque no hay persona en este mundo que me haya hecho perder así la cabeza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario