"how you love yourself is how you teach others to love you"
La música retumba en sus oídos, inunda cada esquina, cada cuerpo. ¿Noche para recordar? Y noche para olvidar, claro que sí. Llega y arrasa con todo. Hace dos horas que salió de casa habiendo decidido que la noche iba a ser suya, que lo haría metida en su vestido favorito y subida en los tacones más altos que había podido encontrar. Nada le para. Hace ya tiempo que no. ¿Quién dijo miedo? ¿Quién dijo dolor? Nunca... Una amiga a cada lado y fuera problemas. ¿Es que hace falta algo más?
A veces cuesta trabajo darse cuenta de que no hay apenas nada que merezca más de dos tardes de domingo en casa pensando que todo es una mierda - y dos tardes malgastadas por un gilipollas que no te quiere ya me parece demasiado-. Soy partidaria de llorar, es liberarse. De lo que no soy partidaria es de estancarse; una cosa es hundirse y coger fuerzas, descargar el lastre, echar la mierda, pararse un momento a mirar y ser, después de mucho tiempo, consciente de que hay personas que nunca han dado nada y cosas por las que no merece la pena perder más de lo que ya se ha perdido... Recuperarse de una hostia requiere tiempo; para asimilar, para respirar, para coger fuerzas. En cambio, otra cosa totalmente distinta es esconderse tras ese motivo, excusarnos en el dolor, dejar todo a un lado por el simple hecho de estar dolidos, derrumbados, destrozados. Es cómodo vivir en el suelo teniendo la seguridad de que no podemos caer más, de que no podemos venirnos más abajo... Pero acomodarse y pasar ahí los días no está justificado. Es puro miedo. Es ausencia de ganas. Y, por tanto, quien no se esfuerza por salir de ahí no puede pretender que la vida le devuelva ese regalo que son las sensaciones, porque ahí, en el subsuelo, no hay sitio para ellas... Le llaman monotonía.
Por eso ella se come el mundo cada vez que sale un sábado por la noche, un domingo por la mañana, un martes al mediodía. Porque aunque a veces - casi siempre - cueste, terminamos por darnos cuenta de la de tonterías que ocupan nuestra cabeza y nos llenan de heridas el corazón, solo porque nosotros mismos lo hemos permitido. Pocas cosas hacen tanto daño si no se les deja... Sí, es verdad, a veces no podemos evitar que alguien nos clave el cuchillo, pero, por lo contrario, es uno mismo quien decide hasta qué punto se le clava, hasta cuándo quiere seguir tocando la herida sin dejarla curar.
No hay más que darse cuenta y hacer algo por cambiarlo. Solo hay que saber hacer "click". El cambio que queremos empieza en uno mismo. Dicho esto, he decidido que nada que no valga la pena se llevará mi tiempo y mucho menos mis ganas, que no voy a darle el corazón a quien no busque más que piel; he aprendido a quererme un poquito más. Nadie - por mucho que esa persona sonría tan bonito que a veces esto se me olvide - va a destrozar todo lo aprendido y superado, nadie que vaya a hacerme llorar se ha ganado el privilegio de que lo haga más de dos días seguidos; nadie que vaya a hacerme llorar realmente me importa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario