Pero es que ya no está. Miras al techo, son las dos y media de la madrugada y sigues así. Con la mirada puesta en un punto fijo, contemplando la inmensa oscuridad que habita entre esas cuatro paredes. Acabas de abrir los ojos y has vuelto de golpe a la triste realidad, dieciséis días después de aquello que acabas de revivir, una vez más. En ningún momento pensaste en qué pasaría después de aquel día tan esperado. No pensaste, al verlo al otro lado de la calle, que la despedida sería mucho más dura que todos esos meses contando los días. Ahora sólo queda eso. Cerrar los ojos y por unos instantes, tener la sensación de que aún lo tienes a medio milímetro diciéndote cosas que ojalá no significaran tanto...
Espero que nunca seas como ese papel olvidado que encuentras al fondo de un baúl, arrugado y medio roto, con palabras que en su momento significaron algo importante.
sábado, 17 de mayo de 2014
Siempre tuvimos los días contados.
De esos que con poco hacen que te tiemble hasta la voz, de esos que te marcan fácil y cuesta quizá demasiado olvidar. Se repite constantemente la película en tu cabeza, cierra los ojos, vuelve a imaginar el momento exacto en el que por fin, te sientes protegida entre sus brazos. Ahora a cámara lenta. Poco a poco. Te empiezan a brillar los ojos y sonríes, sonríes casi sin querer, sonríes como nunca, sonríes como si el resto del mundo fueran solo extras en la escena más bonita de la película y encontraras algo de silencio en todo ese barullo. Corres, con miedo a que deje de estar, con miedo a que se vaya, corres porque no podrías soportar que desapareciera. Y es que son unos pocos segundos los que transcurren, pero dios, son eternos. Sin darte cuenta estás ahí, después de tanto tiempo tienes la cabeza hundida en el hueco que tiene entre el hombro y el pecho, después de cinco meses, después de haberte ido y haber vuelto, de haber querido estrujarle entre tus brazos y haber tenido ganas de echarlo todo a perder, después de sonreír en plan idiota y haber tenido unas ojeras que significaban algo más que una mala noche. Por fin estás donde querías estar, y es que alzas la mirada y sigue ahí, tan cerca como todo este tiempo, solo que esta vez eres capaz de percibir su olor, de tocar su pelo, esta vez eres capaz hasta aprenderte de memoria el ritmo de los latidos de su corazón.
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