Esa libertad que sientes cuando ya nada te ata, cuando ya no lloras por nadie, cuando tu estado de ánimo ya no depende de lo que el haya dicho o hecho. Esa euforia cuando ya has decidido olvidarle, y ves que lo estás consiguiendo. Cuando él ya no te hace reír ni llorar.
Sonríes cuando te ves con otro chico en un mañana, enamorada, de la misma manera o de otra, sin siquiera haberlo olvidado, creando ilusiones porque sabes, lo sabes, sabes que le olvidarás. Y recuerdas todos esos momentos en los que decías que no ibas a olvidarlo nunca, que lucharías, cuando sentías que sería el único; y al recordarlos te ríes por haber estado tan ciega, tan enamorada, por haber dejado que significara tanto. Por haber llorado, por haber reído. Te sorprendes al sentir que pronto será insignificante. Y te alegras al pensar que ya no tendrás que esconderte, no tendrás que mentirle, no te pondrás nerviosa ni temblarás al oír su voz. No pasarás de una sonrisa a una tristeza por sus palabras, no te importará lo que piense, lo que diga, no le darás tantas vueltas a las cosas, no te callarás ni la más mínima palabra.
Y podrás ser sincera con el, podrás contarle tus penas, tus problemas, porque ya no tienen que ver con el, podréis ser amigos como antes querías, podrás quererle de otra manera. Y ESO, SE NOTA.

No hay comentarios:
Publicar un comentario