martes, 19 de marzo de 2013

Tápate la herida, que el pasado se ve

Susurraste que el pasado sólo es como un día malo
Al fin y al cabo el tiempo pasa, y la gente que decía quererte va quedándose por el camino. Las cosas cambian, y poco a poco, quien en su momento sufría a tu lado ya ha olvidado a la otra persona, o ha resuelto sus problemas. Y ahí estás tú, en medio de todo eso, viendo cómo cada vez queda menos de todo aquello, viendo cómo la gente rehace su vida, y cómo todos, absolutamente todos, han pasado página, menos tú. No sabéis lo duro que es ver que la vida pasa, y saber que tú sigues en el mismo sitio donde te dejaron echa polvo.
He visto tantas cosas, tanta mierda... aunque, la verdad, para mí no ha pasado tanto tiempo desde entonces. Sí que ha pasado el tiempo en realidad, me doy cuenta, ya que a veces se me empieza a hacer difícil recordar tu voz o la textura de tu piel, y tu imagen en mi mente se distorsiona cada vez que intento recordarla en aquellos momentos. Pero es como si no hubiese pasado, porque desde entonces no me ha pasado nada que me haya dejado tan marcada, no tan dentro, no ha pasado nadie más por mi corazón y nadie ha podido dejar tanta huella como lo hiciste tú. Pienso en cuántas veces habré pronunciado tu nombre, casi como en un susurro, con miedo de que todo se desvaneciese por la fragilidad que contenía. Me pregunto cuántas veces habré sonreído al recordarte, o cuántas habré llorado al ver que ya no estabas. ¿Cuál fue la última vez que pensaste en mi? ¿Cuál fue la última vez que sonreíste al recordar que nos quisimos? Dime, joder, ¿Qué fue exactamente aquello para ti?
Es como una lista de nombres, en la que tenías apuntada a gente con la que podías contar, y con el tiempo, vas añadiendo, y vas tachando nombres. Es inexplicable la impotencia y el dolor que uno siente cuando tachas un nombre, una persona. Alguien menos, ya no está, no cuentes con él. ¿Sabéis lo que duele tener que asumir que ya no te queda nada con esa persona? Dios, sólo recuerdos. Bueno, y un nudo en el pecho cada vez que intentas explicarte a ti misma por qué ha cambiado todo, cómo has dejado que todo pasara.
Me gustaría decirle al tiempo que no pase tan rápido, que aprenda a parar, que me deje disfrutar, y que no cambie tanto a las personas. Preguntarle al viento si alguien más lo ha acariciado como lo hacía yo, y si le sonríe alguna vez al recordarme. Gracias, en serio, por haber cambiado mi vida por completo, por haber hecho de mí la chica más feliz durante unos días, por haberme tratado como una princesa, de verdad. Pero me hubiese gustado poder agradecerte que no hubieses hecho las cosas tan dolorosas y no te hubieses ido a la primera de cambio; pero chico, qué quieres que le haga, a veces el precio a pagar es más caro de lo que creemos. Mírame. 

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