Espero que nunca seas como ese papel olvidado que encuentras al fondo de un baúl, arrugado y medio roto, con palabras que en su momento significaron algo importante.
domingo, 6 de julio de 2014
"No hay prisa, te duele el corazón al recordar su sonrisa..."
Qué cojones es esto. Se me revuelve el estómago, se me acelera el corazón. Unas ganas de llorar tremendas me invaden, se apoderan de mi cuerpo. Ya han pasado dos años. Dos jodidos años. Con sus doce meses, sus cincuenta y dos semanas, con sus trescientos sesenta y cinco días... y las cosas han cambiado, como es de esperar. Ya no te sufro, ya no me dueles. El tiempo recuperó su ritmo natural y ya no me hace daño, los recuerdos dejaron de ser tan recientes, se suavizaron y el recordarlos ya no supone un sufrimiento incontrolable. Los días han ido pasando, es verdad, pero hay cosas que no cambian nunca... mira que habré hablado veces del olvido, pero resulta que nunca he llegado a conocerlo; no cabe duda de que he crecido, pero la sonrisilla de niña enamorada cada vez que haces alguna tontería sigue siendo la misma. Que no, que lo esencial, lo importante, sigue estando aquí dentro. Aún se me pone la piel de gallina desde el minuto cero cuando escucho aquella canción que se convirtió en la banda sonora de todos nuestros momentos, me sigue temblando todo cada vez que me diriges esa sonrisa tan tuya... Que sigo sonriendo en plan idiota cuando me dices alguna de tus muchas tonterías. Sigo deseando con las mismas fuerzas el poder perderme en tus brazos por un tiempo indefinido pero y qué, el tiempo, por suerte o por desgracia, ha pasado, y eso es algo inevitable... Todo lo nuestro se ha alejado tanto como aquellos días de hace dos años, tanto, que ahora mismo seríamos incapaces incluso de reconocer una pizca de lo que fuimos, de lo que llegamos a ser. Se nos haría imposible volver, recuperar. Jamás en la vida volveremos a ser ellos, no recuperaremos todo aquello porque no, porque lo perdimos, y porque por aquel entonces ni siquiera intentamos encontrarlo. Pero no es culpa de nadie. La culpa no la tienen los besos que no nos dimos, no la tiene la indiferencia de aquellos tiempos y tampoco la tiene el tiempo. La culpa no es tuya. Ni mía. Las cosas pasaron, y fueron como tenían que ser. Y fue eso lo que nos tocó. Irnos. Lo que toco fue perdernos. Y si ahora queremos encontrarnos, toca volver a empezar. Dar pie a un nuevo comienzo. Volver a conocernos, volver a enamorarnos. Porque la nuestra era una historia con demasiada mierda acumulada, era una historia con demasiado peso como para poder seguir adelante. Estaba muerta. Así que dejemos que nazca una nueva, con un par de protagonistas que aún no se conocen pero ya se han sonreído. Como tú, como yo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Genial.
ResponderEliminarAy, muchísimas gracias guapa.
Eliminar