Sigo siendo la misma idiota de entonces, pero, sin embargo, todo es diferente. Mis tonterías, mi risa, mi manera de mirarte, mi locura, no ha cambiado. Hasta la manera en la que te quiero sigue siendo la misma. Eres tú el que ha cambiado, el que ha dejado atrás la forma en la que me miraba, lo bonitas que eran sus caricias, sus sonrisas, lo mucho que me quería. Más bien, no, todo eso no lo has cambiado. Lo has dejado atrás, eso ya no existe. No hay, se acabó, desapareció. Para ti ni siquiera existo yo. ¿Ves cómo han cambiado las cosas? Antes lo éramos todo. Sigo necesitándote. Te deshiciste de todo con tanta facilidad, con tanta indiferencia, que se nota que no fue lo mismo para los dos.
LO ÉRAMOS TODO, ¿RECUERDAS? LO JODISTE, MUCHAS GRACIAS.
Con lo fácil que parecía allí, contigo, ser feliz. Ahora parece tan difícil, tan complicado. Sigo siendo igual de ingenua, igual de ilusa. Sigo esperando que se te escape mi nombre cuando estés con el amor de tu vida, que pienses en mi cuando beses a otra, que me eches de menos cuando ya no esté. Sigo esperando que algún día te arrepientas y te des cuenta de que tu mayor error, fue perderme. Porque siempre serás mi primer amor, mi mejor error, mi herida aún abierta, mi autodestrucción favorita. Porque nunca dejarás de ser la persona a la que más he querido, y por la que más locuras he cometido. No olvides que siempre serás quien me ha hecho perder los esquemas en el momento menos oportuno, mi mayor debilidad, quien después de haberme jodido la vida, me ha sacado la mejor de mis sonrisas. No dudes que todo eso, sólo podrás serlo tú.
Aquel idiota, bueno, tan idiota no era si sabía que palabra susurrarle a mitad del beso, como besarla, para dejar huella dentro de su alma. Aquel idiota que sabía que tenía su nombre tatuado a hostias, y que eso, era imborrable.
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