lunes, 7 de octubre de 2013

Muy cabrón pero ahora vuelve, y no le dirías que no

-Eres gilipollas. +Que sí. Pero mírame y dime que no tienes ganas de besarme. 

Fue todo muy rápido, se dio la vuelta, me miró y sonrió, con ese toque de seguridad y de confianza en sí mismo. Para cuando quise darme cuenta ya se había girado y caminaba en dirección opuesta, con esa pose de chulo y de que todo le da igual. Acertó de pleno cuando pensó que iba a seguirle con la mirada, porque era algo inevitable. Sabía que le miraba, y por esa misma razón pasaba más de mí. De esos creídos de mierda que te producen ganas de pegarles de hostias, pero que enganchan. Que con una sola mirada le bastó para hacer que me pasara el día entero pensando en su sonrisa, en cómo me miró, y en cómo movía la cabeza para acomodarse el pelo. Al día siguiente, salí de casa esperando verle en el mismo sitio, pero no pasó por allí. Ni al siguiente, ni al otro. No volví a verlo en otro sitio que no fuera mis sueños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario