domingo, 29 de diciembre de 2013

Últimas bocanadas de aire del 2013.

Jueves, 12 de diciembre de 2013

Aún no es invierno, pero a estas alturas de diciembre ya me encuentro combatiendo el frío con mi chocolate caliente en el sofá. Lo que significa que esto se está acabando, y que aunque sólo sean unas fechas las que lo decidan, hay algo que está a punto de empezar, y de terminarse. No me gusta que todos los días el cielo esté nublado, o que se haga de noche a las seis de la tarde, pero he de admitir que estas fechas me gustan, y no solo por las luces que adornan toda la ciudad y el ambiente navideño que ya se respira cada vez que salimos a la calle, me gustan porque es la época en la que nos replanteamos todo lo que hemos hecho durante el año, y nos decimos a nosotros mismos "el año que viene sí", o recordamos la manera en la que empezamos en Enero, hace 12 meses, llenos de propuestas o de cosas que cumplir, con una mínima esperanza de que este año fuera así. Lo que pasa es que así como si nada, llega Diciembre, y volvemos empezar con lo mismo. Pero nunca llegamos a diciembre como empezamos en enero, nunca. Y parece mentira, pero en un mismo año cambian miles de cosas en nuestras vidas, sin haberlo planeado.
Jamás hubiese imaginado todo esto. Llegar a diciembre después de haber pasado tantas cosas... Nunca me ha gustado el número trece, y por eso mismo quería que este año pasase rápido. Y es verdad, tenía razón, ha sido un año horrible. Tengo que decir que no empezó del todo mal, pero en los primeros meses las cosas no hicieron más que empeorar. Cada vez que creía salir del agujero en el que, sin querer, me había metido, volvía a hundirme. Era como un círculo vicioso... que nunca acababa. No sé si fueron muchos meses, creo que sí, pero no puedo asegurároslo porque para mí en aquellos tiempos las manecillas del reloj era como si no se moviesen, todo se me hizo eterno. Fueron unos meses sin ver si quiera un reflejo algo más claro en alguna parte del túnel... ni siquiera un mínimo destello. Lo que empezó con mal de amores llegó a ser un desprecio incontrolable a mí misma. Me ahogaba. Con los recuerdos, con la soledad cuando en realidad me encontraba en una sala con veinte personas, me ahogaba con cada palabra hiriente que me decían y con cada mirada de desprecio con la que me miraba quien un día me quiso. Con el espejo, con cada mínima cosa. Conmigo. En aquellos meses me convertí en alguien completamente diferente; yo, que nunca había sido de lágrima fácil, lloraba por lo menos dos veces al día. Me convertí en una persona fría, sin ganas de nada, cuando yo siempre había sido una chica sonriente y con ganas de comerse el mundo cada mañana. Quería desaparecer, y lo más parecido que hacía era dormir siempre que podía; así, no pensaba, era como no estar. Me encerré en mí misma, y no dejaba que nadie invadiera ese espacio. En realidad, agradecía que hubiese gente que me hablara todas las noches intentando alegrarme, pero yo nunca les dí motivos para quedarse y claro, todos terminaron yéndose. Aquellos largos meses se me hicieron muy difíciles, se me juntó todo en el peor momento, pero como veis, sigo aquí. Con todo aquello aprendí mucho, qué digo, muchísimo. Y una de las cosas más importantes, fue que vi realmente quienes estaban dispuestos a darlo todo por verme salir del agujero. Llegó el verano, y me deshice de todo el lastre, cambié mi manera de pensar. Empecé a quererme un poco más, a no preocuparme tanto. Y, aunque no todo me fuese bien a partir de ahí, me empezó a ir mucho mejor. Este último verano ha sido muy bueno, porque ha traído consigo personas muy grandes, momentos inolvidables y sobre todo, porque ha hecho que lo malo que había pasado antes, se me olvidara casi del todo. Después de eso empezó el nuevo curso y bueno, aquí estamos, combatiendo este frío, de alguna manera, con bufandas, abrigos y calcetines gordos.
He de decir, que aunque este 2013 no haya sido bueno, me ha enseñado muchísimo, y quién sabe, quizá lo necesitaba para en los años siguientes, estar más preparada. Siempre voy a recordar que cada uno decide por qué cosas vale la pena pasarlo mal, que uno mismo decide cuándo se terminan las malas rachas y las lágrimas, que si no se quiere cada uno a sí mismo, no les va a querer nadie, que tú decides si vas a perder el tiempo esperando que se te acerquen, o vas a echarle un par y vas a acercarte tú, que si no luchas, nadie lo hará por ti, y sobre todo, que solo tú mismo puedes hacer que todo cambie, dándole la vuelta a las cosas.

Recuerda, una se hace fuerte a base de heridas y putadas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario